El 31 de octubre en el calendario es llegar a Halloween, víspera del día de Todos los Santos. Halloween es sinónimo de festividad tanto para niños como adultos. Trucos, disfraces, calabazas ahuecadas con iluminación interior, pie de calabaza, papeles negros y anaranjados recortados con figuras de murciélagos, gatos, calaveras, brujas montadas en escobas, los portales de las casas cubiertos con telarañas, contar historias de terror y, sobre todo, preparándonos para el acontecimiento, disfrutar desde antes las películas de horror.
De los comienzos del género en el cine, White Zombie (Victor Halperin, 1932) y Doctor X (Michael Curtiz, 1932) conservan el diabolismo que caracteriza a la trama. Luego Bela Lugosi, Boris Karloff y Lon Chaney Jr. llenarían la pantalla con los imperecederos personajes de Drácula, Frankenstein, la Momia y el Hombre Lobo. Más tarde en los años 1940 la tríada de Val Lewton como productor y Jacques Tourneur como director, Cat People (1942), I Walked with a Zombie (1943) y The Leopard Man (1943) introducen el terror sugerido, jamás visualizado. A extremos de culto son las descripciones que de Cat People hizo Manuel Puig en su novela El beso de la mujer araña.
Los animales también formaron parte imprescindible del miedo, además de una carga erótica implícita, como en el caso de Fay Wray en la palma de la mano de un gorila agresivo y empecinado en King Kong (Merian C. Cooper, Ernest B. Shoedsack, 1933) o un monstruo anfibio acechando con embriaguez a Julia Adams mientras nada inocentemente en Creature From the Black Lagoon (Jack Arnold, 1954), o la misma House of Wax (André de Toth, 1953), donde Phyllis Kirk está a punto de recibir un baño de cera caliente en lo que ha sido bautizado como confabulación del horror con la poesía.
La diversidad de situaciones escalofriantes es tan amplia que cualquier encuesta al público nos dejaría atónitos sobre cuál película lo llenó de pavor en su infancia. Para mi hermana, las transformaciones del cuadro en The Picture of Dorian Gray (Albert Lewin, 1945) aún las guarda como pesadillas. Y para Miriam Gómez una experiencia de espanto fue la presencia de Humphrey Bogart en The Return of Dr. X (Vincent Sherman, 1939), la cara maquillada de blanco para no repetir nunca más.
El horror moderno tiene nuevos matices y otras reglas. Halloween (John Carpenter, 1978), debut de Jamie Lee Curtis, campea entre los clásicos seguida de otras nueve incursiones con ese título. Sin dejar fuera a Friday the 13th (Sean S. Cunningham, 1980) y A Nightmare on Elm Street (Wes Craven, 1984), con su malévolo Freddy Krueger y debut de Johnny Depp, que mucho le deben estas dos películas a Bay of Blood (1971) y a Deep Red (1975), de Mario Bava y Dario Argento, respectivamente, jerarcas de este género en el cine italiano.
Un lugar estelar para la comedia del horror lo tiene Abbott and Costello Meet Frankenstein (Charles Barton, 1940), en lo musical Little Shop of Horrors (Franz Oz, 1986) y en lo policíaco Seven/Se7en (David Fincher, 1995). •




























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