Sur de la Florida

“¡20 años no son nada!”, dice el tango... Venga a verme

 

Especial para El Nuevo Herald

Con fecha reciente al responder la consulta que le formularon, yo interpreté en su respuesta que los casos de drogas caducan a los 20 años de cometidos y que, por tanto, después de ese tiempo es posible que mi esposo ciudadano me pueda reclamar y yo obtener la residencia en este país.

Soy cubana y cometí un grave delito de drogas por el cual cumplí varios años de prisión antes de solicitar mi residencia permanente hace más de 20 años y, desde entonces, he llevado una vida ejemplar. Muchas gracias,

“Nordomys”, Miami

Primero que todo, mis sinceras felicitaciones por el giro que usted imprimió a su vida, apartándose definitivamente de la tentación del delito y llevando, desde entonces, como usted misma la describe, una vida ejemplar. Es parte indeleble de la condición humana dejarse seducir por lo que aparenta ser el engañoso camino de un dinero grande y fácil, sin verle, por decirlo así, las orejas al lobo, hasta que éste salta y, ¡zas!, en un santiamén la devora...

Todo esto es aun más comprensible respecto del cubano nacido en la actual sociedad castrista, donde robarle al estado lejos de parecer censurable, suscita satisfacción y una sensación de triunfo. Claro está que no todos los cubanos roban -- decir eso sería una malévola e imperdonable calumnia -- pero cuando escapan de la isla y llegan huyendo a EEUU, les toca hacer lo que usted no hizo a tiempo: una profunda revisión de su alma para liberarse del diablo que los persigue y que, de no lograrla, los lleva a la ignominia y al fracaso. ¿Significa decir esto que EEUU es un país perfecto?! “¡Nanay, cucas!” – un norotundo. En este país se roba igual, pero con una gran diferencia: todo el mundo sabe que robar es malo, y nadie se ufana de ello y lo aplaude. Antes bien, quien en ese hueco cae, en nueve de cada 10 casos no se escapa de las consecuencias, y por muy rico y poderoso que sea, los huesos del ladrón ó estafador van a dar a la cárcel, y allí, si el robo fue grande, languidece por muuuuuuchos años...

Otro cáncer que se suma a este deplorable cuadro es el negocio de la droga. No gastaré tiempo en proclamar lo que todo el mundo sabe. Pero el insoslayable defecto de nuestra sociedad es que hace parecer tan fácil meterse en delitos de droga, y aparentemente, tan productivo... Miami, en especial, parece ser el sitio donde confluyen todas estas nefastas circunstancias y, por ello, los negocios de drogas --junto a las estafas al Medicare y otros varios delitos tan pingües como sofisticados-- son el pan y carne de las páginas de los diarios y los noticieros de televisión.

Por todo este vergonzoso cuadro, recibo su carta con dolor en mi corazón y le repito mi felicitación por su definitivo cambio de rumbo. Su pregunta: el paso de 20 años, correctamente contados, extingue la consecuencia inmigratoria de un aggravated felony (un delito mayor con agravantes), como el suyo , que es su deportación. Más aún, muchos cubanos deportables saben que, por ahora, su país, Cuba, no los acepta. (La política, en general, es fluida y esto podría cambiar). En su caso, los 20 años pasados de su delito, correctamente calculados, pudieran eximirla de su expulsión del país.

De todo lo dicho, para su pretendida concesión de residencia legal permanente ( green card) las cosas no son tan claras. Un factor importantísimo es su g ood moral character – su “buena conducta moral”. Habría que evaluar su historia durante todo este largo tiempo antes de lanzarse y tratar de persuadir a su juez de inmigración de que le conceda la deseada residencia legal. Hace ya casi 30 años atrás, tuve un caso de un cubano, buen hombre a mi parecer, que había cumplido prisión por traer al país no unos cigarrillos, ni unas hojitas, sino ¡20,000 libras de marihuana! Igual que usted, él quería naturalizarse ciudadano... ¿Qué pasó? Luché y luché y luché el caso... hasta que lo gané (!) Y hoy todavía me acuerdo de mi emoción cuando asistí a su naturalización y terminé viéndolo llorar con su certificación de ciudadanía en la mano. ¡Dios es grande y Todopoderoso....!

Venga a verme para examinar su caso a fondo. Sólo así podré darle una opinión bien fundamentada. ¡La espero!

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

1 Herald Plaza, Miami, FL 33132

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