Opinión

ARIEL HIDALGO: Voto negativo

 
 

Bajo una foto de Fidel Castro, una escolar en un colegio electoral de La Habana supervisa la votación, durante las elecciones municipales realizadas el domingo 21 de octubre en Cuba.
Bajo una foto de Fidel Castro, una escolar en un colegio electoral de La Habana supervisa la votación, durante las elecciones municipales realizadas el domingo 21 de octubre en Cuba.
Franklin Reyes / AP

Hay palabras que se han gastado entre los labios de tanto pronunciarse y hasta han perdido su significado original. Un ejemplo es el término “demócrata”, que desde Fidel Castro hasta Pinochet, todos la han utilizado para autodefinirse. Otro término es el de “socialista”. Autodefinirse así y en nombre de esa ideología acaparar, desde la cúpula del Estado, todas las propiedades, desde las grandes fábricas de los capitalistas hasta los chinchales de los más humildes trabajadores, y luego, como en días pasados, imponer candidatos para cargos públicos que el electorado sólo tiene que “ratificar” con la excusa de que se trata de un Estado “obrero” o “revolucionario” controlado por la “vanguardia del proletariado” o del “pueblo unido”, es perpetrar el fraude más grande de toda la historia.

Vengo de un país así, donde todos los ciudadanos se ven compulsados a asistir a las urnas cada cierto tiempo a sabiendas de que su voto nada contará, pues hay un solo candidato para cada posición y ese candidato ha sido filtrado por comisiones de candidatura o propuesto desde las altas instancias, y la única opción –aparte de afrontar el riesgo de ser represaliado por no asistir a las urnas– es dejar la boleta en blanco o escribir cualquier otra cosa que no sea el candidato asignado por el oficialismo. Y esta opción, que en los resultados finales sólo cuenta como “boleta anulada”, para nada cuenta, a no ser para hacer ver que hay un grupo creciente de personas inconformes. Por eso, un insigne cubano que desde La Habana se autoproclama “socialista democrático participativo” ha propuesto cambiar este voto negativo por otro afirmativo. La letra D en las boletas, propone Pedro Campos, significaría simbólicamente Democracia en su más auténtico sentido, aunque la conocida bloguera Yoani Sánchez decidió votar con todas las letras y en gran tamaño: Democracia. Si esta propuesta tuviese amplia difusión dentro de Cuba, es posible que el voto negativo desobediente que ha ido creciendo en cada votación –en la del 2008 sumaba ya 1,441,021– se convierta en una votación positiva formidable a favor de la democracia.

En los próximos días se celebra otro tipo de elecciones del lado de acá del Estrecho de La Florida, un sistema donde el dinero, en última instancia, es lo que cuenta en los cabildeos congresionales, en los tribunales y en las campañas electorales. Con las contribuciones se atiborra la mente de los electores por todos los medios masivos para que vote por quien se quiere que se vote, y se soborna por anticipado al candidato triunfador para que responda a los intereses de quien paga. Los candidatos quedan así, atados por el partido que impulsa la campaña y por los poderosos que la financian. Mi primer pensamiento, en otro tiempo, fue no participar con mi voto en lo que consideraba otra farsa, y no pertenecer a partido alguno porque ninguno puede alterar un sistema donde predominan los grandes intereses bancarios –y esto se vio claro en el 2008, cuando tanto demócratas como republicanos coincidieron en salvar de la quiebra a los principales bancos en vez de suministrar la ayuda a los trabajadores para que saldaran sus deudas, ya que es el pueblo y no los bancos lo que es “demasiado grande para quebrar”– es factible que uno de esos partidos más que otro se incline a mejorar las condiciones de vida de los sectores sociales menos favorecidos. Por eso confieso haber cometido un grave error al votar en el 2000 por el Partido Verde, que aunque satisfacía en sus demandas muchas de mis expectativas, no contaba con posibilidad alguna de triunfo, y por tanto ayudé por omisión al ascenso de una funesta administración que arrastró al país a una guerra arbitraria de miles de muertes, a un desastre económico del cual aún no hemos podido salir y al déficit más grande de toda la historia.

Hoy por hoy mi voto siempre es negativo, siempre un acto de protesta, nunca a favor de nadie sino en contra de alguien, siempre por el menos malo para oponerme al peor, hasta que un día aparezca, también aquí, una propuesta que logre aunar los votos negativos de todos los que votan como yo y los convierta en una propuesta afirmativa hacia una verdadera democracia.

Infoburo@aol.com

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