Hace cuatro años Julián decidió comprar una casa que a él le gustaba. Aconsejado por la agente de bienes raíces que tenía en venta la propiedad, según anunciaba el cartel frente al inmueble, entró en un contrato de compra-venta para la misma, ya que le ofrecía la ventaja de una entrada adicional de capital, todos los meses.
En realidad Julián no buscaba algo semejante, pues sus aspiraciones se reducían a conseguir una casa en la cual vivir con su familia, mientras el valor de la propiedad iba en aumento y más tarde beneficiarse con la plusvalía acumulada; pero la agente le insistía en los beneficios de aquella entrada adicional, con la que contaría si compraba esa casa.
Julián se dejó llevar y firmó el contrato cuando ella le convenció de que no había necesidad de consultar un abogado para seguir adelante en la compra. Con las gestiones para obtener el crédito vinieron las investigaciones personales y las vinculadas con el inmueble, de las cuales se ocupó personalmente la agente de bienes raíces. Para Julián resultaba curioso el exceso de celo que aquella señora ponía en la selección de inspectores, tasadores y agentes hipotecarios relacionados con el proceso. Tan marcado era el interés de la agente por controlarlo todo, que cuando él volvió a considerar con ella la conveniencia de consultar a un abogado, ante el descubrimiento de que la casa tenía tres medidores eléctricos (uno de la compañía de electricidad para la casa principal y dos digitales para las habitaciones al fondo de la propiedad), ésta le dijo que los abogados sólo servían para complicar y echar a perder los negocios y que debía desechar la idea; mientras ella se ocuparía personalmente del asunto.
Tres días antes de la fecha indicada para el cierre de las operaciones y la transferencia de título de la propiedad, la agente se personó con un documento mediante el cual el vendedor leofrecía cinco mil dólares, como compensación para corregir cualquier posible violación de código que la propiedad confrontase, con la condición de que el acuerdo y el documento debían quedar fuera del conocimiento de agentes hipotecarios, inspectores, agencia de título o cualquier otra parte interesada en la transacción. Julián aceptó.
El cierre se llevó a cabo y he aquí que, la pasada semana, apenas 44 meses después de ser propietario de su casa, Julián es informado de que: 1) La propiedad está erigida en un sector correspondiente a casas unifamiliares, por tanto no hay razón alguna para tener instalados tres medidores eléctricos, en el inmueble. 2) Los inspectores municipales hallaron que las habitaciones construidas al fondo de lapropiedad, habían sido erigidas sin permiso de fabricación y estaban en violación de todos los códigos y ordenanzas municipales, por lo que ordenaron su demolición inmediata.
Anteayer Julián consultó un abogado al respecto; pero lamentablemente ya es tarde y existe un consentimiento, firmado por él, mediante el cual aceptó cinco mil dólares, como compensación, para enmendar cualquier problema de violación de código, que la propiedad confrontase.
Moraleja : Elija un agente inmobiliario capacitado y con buena reputación y siempre busque el asesoramiento de un abogado.
J. A. “Tony” Ruano es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra, venta y administración”. tony@ruanobrokers.com


























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