Esta brisa renovadora tiene un nombre, sopla desde el oeste y no precisamente desde el “Far West” sino desde la otra costa de Florida, factor que no la descalifica como intrépida “Fanciulla del West” ni como posible último huracán de la temporada. Se llama Susan Danis, viene de una exitosa gestión en la Opera de Sarasota y es la flamante directora general de Florida Grand Opera. Con los pies en la tierra y consciente del desafío que enfrenta, basta entrevistarla para comprobar cómo su instinto femenino combina la fuerza de un ciclón con la elegancia del Soave sia il vento mozartiano.
Su nombramiento inevitablemente asocia su nombre al de pioneras como Ardis Krainik la recordada regente de la Opera de Chicago.
Es curioso que haya mencionado a Krainik, porque es una de las razones de por qué hago lo que hago. La conocí cuando trabajando para la Lake George Opera asistí a mi primera convención de Opera America, me bastó escucharla para adoptarla como modelo. Tuvo un gran impacto en nuestra profesión como pionera e inspiradora.
¿Es la ópera para todos?
Absolutamente. Y una razón es porque el mundo se ha empequeñecido gracias a la información y multimedia. No creo que haya forma de arte que le cuadre mejor. Soy partidaria de “la regla de cinco óperas”: nunca rechazarla si no te gusta la primera, dale cuatro oportunidades más. En algún lugar, el poder de la música y de la voz produce la magia; si no, lo hace la orquesta, la escenografía, el argumento… es un punto de encuentros y ofrece algo para cada uno. Todos tenemos nuestro “Opera Moment”, cuando nos hace clic… a partir de allí es un maravilloso camino sin retorno.
¿Cuando sucedió para Susan Danis?
Cuando asistí con la escuela a mi primer ópera: Carmen. Quedé fascinada. En clase de música, tocaba el melófono y luego el corno pero, prefería el teatro. En Nueva York, hice terapia de drama con niños discapacitados, y así teatro y música se fueron combinando y la ópera ganó terreno. Tuve la suerte de tener amigos que tenían palco en el Met. Vi lo mejor de lo mejor y mis estándares se fueron para arriba.
¿Cómo se conquista al nuevo público?
Educándolo, preparándolo. En Sarasota implementé un programa educativo con clásicos americanos llevados a la ópera. Con The Crucible de Arthur Miller, los alumnos leyeron y vieron la película antes de ver la ópera homónima de Robert Ward. Mezclamos público de teatro y de ópera y el nonagenario compositor asistió a un panel. Fue una delicia escucharlo hablar de su trabajo con Miller. Eso atrae y conquista audiencias, crea vínculos, conexiones y relaciones. Cuánto más joven se empieza, mejor. Y si se tiene la suerte de que alguien los introduzca y guíe el proceso, mejor aún.
La audiencia de Miami es muy diversa y estratificada.
Esta temporada es de transición y el público debe tenerlo en cuenta. No estoy lista para anunciar mi primera temporada (2013-14) pero se llevarán una sorpresa. Estoy feliz con las fructíferas reuniones de trabajo con nuestro director musical, el maestro Ramón Tebar. Queremos hacer temporadas que combinen la tradición con la novedad y además, vincularnos con otras compañías. Habrá títulos nuevos y grandes óperas que no se han presentado en Miami y a las que les llegó el momento ahora que hay un teatro apropiado.




























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