A veces, sin previo aviso, pequeñas astillas de vidrio salen de la piel de Nelia Real.
También hay vidrio incrustado en uno de sus ojos y fragmentos de bala en su cuello y pulmones, que los médicos dicen que deben permanecer, porque eliminarlos es demasiado arriesgado.
La bala la hirió hace más de seis meses, cuando un hombre agitando una pistola en el Turnpike de la Florida disparó un proyectil contra la agente cubanoamericana Real, de Key Biscayne, a través de la ventanilla de su vehículo policial.
Al romperse la ventanilla, también se quebró la vida de Real.
Real, que amaba el montar en bicicleta, las caminatas y el campismo, y que planeaba mudarse a Georgia y tomarse la vida con calma cuando se retirara en noviembre del 2013, ahora se pasa los días en consultas médicas y sesiones de terapia. Fragmentos de bala quedaron alojados en su laringe, sus pulmones y otros lugares de su cuerpo. Padece de jaquecas, y tiene problemas para tragar y hablar. La herida también le ha causado cierta parálisis en la cara, casi como si hubiera sufrido un accidente cerebrovascular. La agente, de 54 años de edad, también ha sido diagnosticada con trastorno de estrés postraumático.
Pero lo peor tal vez sea el miedo.
Cada vez que veo a alguien que se le parece, siento miedo, dijo Real.
Los detalles del día 10 de mayo permanecen con claridad en su mente. Su turno había terminado en el Departamento de Policía de Key Biscayne, y Real iba rumbo a su casa por el Turnpike de la Florida. Eran como las 5 p.m.
El tráfico era más pesado de lo habitual. Algo raro estaba pasando.
Real se detuvo en el carril de emergencia, junto a la mediana, con la intención de ayudar. Es lo que siempre hacía cuando se encontraba con un accidente.
Entonces lo vio.
Sus ojos estaban vidriosos, tenía el pelo revuelto, dijo Real. Parecía como si estuviera poseído.
David Edwin Bradley se acercaba al final de un día de delitos violentos cometidos a través de dos condados, en que robó al menos dos vehículos, allanó una barbería y se enfrentó a tiros con otro hombre.
Cuando vio el vehículo policial de Real, Bradley sacó su pistola.
Yo no tenía dónde meterme, recordó Real.
Antes de que Real se diera cuenta de lo que sucedía, Bradley le disparó a través de la ventanilla de su asiento. Los vidrios entraron en su cara, y fragmentos de bala la hirieron en el cuello y la cara.
Real se bajó del coche, apretándose el cuello.
En ese momento sucedió que el agente Osvaldo Petitfrere, de la policía de Broward, pasaba conduciendo por el lugar. Después de intercambiar disparos con Bradley, Petitfrere le ordenó a Real que entrara en su coche.
Ella subió al asiento trasero por sus propios medios, sin dejar de apretarse la herida.
Sangraba mucho, recordó Petitfrere.
Mientras Petitfrere llevaba a Real a toda prisa al Hospital Memorial Regional, Bradley continuaba blandiendo su arma en la autopista.
Gabriel Martínez, director adjunto de la oficina de campo de la Policía Federal de Inmigración y Aduanas, también iba rumbo a su casa esa tarde. Cuando Martínez se enfrentó a Bradley, Bradley le disparó.






























Mi Yahoo