Al terminar un doctorado en leyes y mientras estudiaba para tomar el examen del Colegio de Abogados de la Florida, Esther Pérez consiguió un trabajo como maestra en la escuela intermedia Brownsville, al noroeste de Miami. El plan de Pérez en 1987 era enseñar por un tiempo y luego dedicarse a ejercer su carrera de derecho. Pero desde entonces hasta su muerte el mes pasado, nunca dejó las aulas.
Su madre y amigos cercanos resumen la decisión de Pérez con una frase similar: se enamoró de enseñar y se dedicó a ello con pasión, por el resto de su vida.
Luego de tres años en Brownsville, una escuela publica en un barrio pobre, Pérez fue trasladada a la Escuela intermedia Rubén Darío, que entonces se estrenaba como un centro modelo. Al año siguiente regresó a Brownsville porque los niños de aquella escuela la necesitaban más, recordó Gemma Carrillo, del departamento de Escuelas Publicas del Condado Miami-Dade, quien trabajó como maestra junto a Pérez en los años 80.
Cuando conocía a alguien a quien le notaba interés y pasión por enseñar le decía: yo te ayudaré a conseguir trabajo a tiempo completo como maestro , dijo Carrillo. Gracias a ella conseguí mi trabajo.
En 1999 Pérez aceptó una posición en el Centro Correccional Turner Guilford Knight, como instructora de adolescentes que han cometido delitos graves y son sentenciados como adultos.
Enseñaba con un guardia al lado, contó Josefina Latini, la madre de Pérez. Ella sentía que podía cambiar la vida de esos muchachos enseñándolos y ellos la querían.
Su pasión por lo que hacía era admirable, afirmó su colega y amigo cercano Robert Arons, quien trabajó con Pérez desde sus inicios como maestra. La veía, con el mismo amor, enseñar ESOL a adultos de noche, historia y gobierno a niños y aconsejar a los jóvenes presos.
Aunque no era requerimiento de su empleo, Pérez intercedía por muchos de los adolescentes presos a los que educaba, contó Arons. Utilizando sus conocimientos de leyes, la educadora estudiaba los casos y escribía cartas a los jueces contando el progreso de los jóvenes, como argumento para una reducción de sus sentencias.
En varias ocasiones logró que les bajaran las sentencias de 20 a 7 años en cárcel, por ejemplo, dijo Arons.
En enero pasado Pérez, quien había acumulado 180 días de enfermedad, pidió por primera vez un permiso de ausencia. El 30 de enero, cuando cumplía sus 53 años, la maestra fue diagnosticada con cáncer de páncreas. Los doctores le dieron de 3 a 6 meses de vida.
Pero ella tenía tantas ganas de vivir que luchó todo lo que pudo, contó Latini. Viajó a Houston Texas a darse tratamiento y soportó mucho, por eso vivió mas de lo diagnosticado.
Pérez falleció el miércoles 16 de octubre en su casa de Doral, donde pasó las últimas semanas de su vida al cuidado de su madre. A la maestra también le sobreviven sus hermanos, Tony y Alex Téllez, cuatro sobrinas y un sobrino.
Al velorio de Pérez, el 18 de octubre, acudieron trabajadores de las escuelas en donde trabajó. Una en particular llamó la atención de Latini. Era una guardia de seguridad de la correccional donde Pérez enseñó por 14 años.
Se llama Geraldine, una señora de la raza negra, llegó en uniforme y con pistola, porque venia del trabajo, narró Latini. Lloraba desconsoladamente por mi hija y yo ni siquiera la conocía.




























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