Sur de la Florida

Una vida dedicada a la familia y al trabajo

 
 

Irma Chinea en una foto familiar.
Irma Chinea en una foto familiar.
Cortesía

bmedina@elnuevoherald.com

Por dos décadas Irma Chinea se levantaba a las 5 a.m. para ir a trabajar en su fábrica de telas, en Allapatah. Chinea se sentía orgullosa de su negocio que fundó unos años después de inmigrar de Cuba en 1962. Gracias a su dedicación pudo traer a sus familiares de Cuba, mudarse a un buen vecindario y más tarde ayudar a sus hijos a comprar sus propias casas.

Chinea falleció el falleció el 31 de octubre a los 89 años en su casa en Brickell. Aunque se retiró en 1999, seguía asistiendo a tiempo parcial a su hijo Carlos Chinea, quien se ocupó de la fábrica tras el retiro de su madre.

“Era la persona mas trabajadora que he conocido en mi vida”, dijo Carlos, el menor de tres hermanos. “Yo la podría igualar”.

Chinea aprendió el oficio de hacer tejidos en Cuba, donde también trabajó en una fabrica de telas. Cuando llegó a Miami se dedicó a lo que sabia hacer, primero en encargos particulares y después trabajando en una factoría.

Con el tiempo, Chinea logró convertir su fabrica en una mediana empresa y empleaba a unas 60 personas. Todas las noches, según cuenta Carlos, antes de cerrar la fabrica a las 7 p.m. Chinea revisaba cada una de las maquinas y durante el dia supervisaba la producción para aprobar la calidad.

“Y lo hacia con amor”, narró Carlos. “Para ella era una satisfacción y un orgullo producir un buen material”.

Después de su retiro Chinea se dedicó a cuidar a sus nietos. La mujer vio con dolor como su hijo tuvo que cerrar la fábrica de telas luego de que empezara a dar pérdidas.

“Le dolió porque era como su bebe”, dijo Carlos. “Además de su familia estaba muy orgullosa de su negocio”.

A Chinea también le sobreviven sus hijos Raulito y Mirian, cuatro nietos y dos bisnietas. Sus restos fueron velados el jueves en la funeraria Memorial Plan, en Coral Gables.

Chinea falleció en la misma fecha que murió su esposo, 19 años antes. La cubana nunca se volvió a casar. En sus últimas horas las enfermeras la escucharon repetir el nombre de su marido, Raúl.

“Creo que ahora se encontrará con mi papa en el cielo”, conto Carlos.

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