Atentamente me dirijo a usted para hacerle una consulta y tener su opinión de lo que usted podrá leer y obtener un buen consejo en lo que se debe de hacer y, de ser necesario, acudir a las autoridades respectivas.
Resulta ser que en el 2008 inicié una relación con una mujer de nombre Lisseth con la cual llegamos a convivir como marido y mujer. Para el 2010 sale a la luz algo que fue una sorpresa para mi: escucho una plática entre Lisseth (mi ex conviviente) y la madre de ésta, Olga, la cual trata sobre que Lisseth desea aspirar a un puesto en la Junta Escolar de Miami. Lisseth está molesta ya que a su hija de 8 años le piensan proveer condones y enseñarle sobre sexualidad en la escuela. Seguidamente escucho que la señora Olga habla fuerte y le llama la atención a Lisseth, dejándole saber que no puede hacerlo ya que eso tendría consecuencias, la llevaría a que descubrieran su pasado, y siendo que en estas competencias políticas los contrincantes tratan de averiguar hasta el más mínimo detalle de las vidas de los demás para poder sacarlos de la elección, la señora Olga se opone tajantemente y le dice que no lo haga. En ese momento escucho, pero no intervengo en la conversación y, de hecho, no lo hice. Por la noche, cuando nos encontramos solos Lisseth, me mira y me deja saber que no tenga miedo por la conversación que ella llevó unas horas antes y aclara que ella no asesinó a nadie... [etc., etc.], me explica que después de haber venido de Venezuela en 1995 como turista y aceptada por 6 meses en EEUU, no podía trabajar ya que carecía de documentos legales para poder trabajar y todo lo que eso conlleva, conoce a una persona que le vende un certificado de nacimiento de una mujer de Puerto Rico por la suma de $4,000, que con esto ella consigue licencia de conducir de Florida, además de tarjeta del Social Security y pasaporte americano, además de poder trabajar ya que usando los nombres y ciudadanía de la otra mujer todas las puertas se le abrieron, me dice que algo que le molestaba era que estando en su trabajo todos la llamaban por el nombre usurpado y ella muchas veces no atendía al llamado, luego me comenta que le presentaron a una persona que ingresó igualmente como ella y de origen Pakistaní/Indio/Libio (la verdad no recuerdo de donde era originario), que esta persona le ofrece $20,000 por obtener por medio de ella los papeles que le legalicen en este país y asi fue, se casaron en el centro de la Florida y acudió a las citas de migración ara poder legalizar a esta persona. En el tiempo que convivieron, este hombre le habla sobre el odio que siente por este gran país y de los objetivos que tiene para el futuro; en resumen, poder llevar a cabo algo que lo haga mártir en contra de los intereses de este país... Me quedé realmente sorprendido...
En ese mismo 2010 ella queda embarazada y ahora tenemos un lindo bebé. [Siguen tres páginas de texto más].
O.R.T., Guatemala, C.A.
¿”Sorprendido”, dice usted, que quedó con todo lo que le contó su esposa? Su comentario es “sorprendentemente” lacónico... Inevitablemente, su carta me evocó una anécdota del genial Daniel Webster, el autor del prestigioso diccionario de la lengua inglesa... Un día la esposa del famoso analista salió de casa, pero intempestivamente regresó porque había dejado atrás su bolso. Al abrir la puerta, encontró a su ilustre esposo besando apasionadamente a la sirvienta de la familia. “¡Dan --lo increpó-- estoy sorprendida!” A lo cual el ilustre lexicógrafo la corrigió, “No, querida, tú no estás sorprendida -- ¡estás estupefacta!”
Asimismo me han dejado las seis cuartillas de su amable carta. Como relator, usted compite con Gabriel García Márquez, con Mario Vargas Llosa, ó aun con Jorge Luis Borges, aunque quizás a cierta distancia de brillantez... Pero por muy amante que yo sea de la buena literatura, esta columna es de servicio, y no de carácter recreativo, por lo cual, si lo tiene a bien, estoy siempre disponible para usted en persona (modestos US$100 la consulta)...
¡Cordial saludo!
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
1 Herald Plaza, Miami, FL 33132




























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