MINSK -- Al final de la Guerra Fría, la dirigencia de la KGB, desmoralizada y en busca del favor de los reformistas a favor de Occidente que en ese tiempo estaban llegando al poder en estados postsoviéticos, abrieron brevemente sus expedientes sobre el asesino acusado de John F. Kennedy, Lee Harvey Oswald.
El material era tan íntimo como doloroso leerlo, demostrando inequívocamente que la KGB tenía a Oswald bajo intensa vigilancia, incluso de noche, durante los dos años y medio que él vivió en la Unión Soviética como desertor. “Van a la cama”, asienta una transcripción en un punto dado, con base en el único investigador occidental que lo ha leído, Norman Mailer.
La dependencia tenía una mirilla que daba a la habitación de Oswald aquí, aprovechando el delgado muro entre ésta y un apartamento contiguo, donde se sentaba un observador.
“No me toques, maldita seas”, dice Oswald después de subir a la cama, en la transcripción fechada el 29 de julio de 1961.
“No, maldito tú”, dice la esposa, de soltera Marina Prusakova, ahora Marina Oswald Porter y residente de Dallas.
“En un minuto voy a aislar un sitio en particular. Oi, mama”.
“Ellos se ríen”, nota el observador.
La diminuta mirilla y lente de amento que hacían posible ese tipo de observación ya desaparecieron largo tiempo atrás. Este verano, también se había perdido el muro que permanecía como recordatorio, de cierta manera, de la presencia de Oswald en Minsk: un vecino lo reconstruyó para insonorizarlo.
Minsk, frondoso y apacible remanso ex soviético, es una ciudad donde diminutas trazas de Oswald permanecen hasta la fecha, quizá como en ninguna otra parte sino en Dealey Plaza, en Dallas. No durarán por siempre.
Aprovechando las pistas —y en dos casos, recuerdos— que restan, cuatro nuevos libros que abordan el periodo soviético de Oswald fueron a la imprenta en los últimos dos años o están a la espera de ser publicados.
Estos libros analizan una sorprendente riqueza de detalles sobre un misterio central de la vida del asesino acusado. Sureño de un hogar roto, vivió detrás de la Cortina de Hierro tras desertar a los 19 años de edad, en 1959. Oswald regresó a Estados Unidos con Marina y su primera hija, June, en 1962.
Un conocido de Oswald de este periodo, el Dr. Ernst Titovets, publicó una memoria en el 2010 describiendo la vieja amistad. Él aun vive en Minsk, donde es investigador especializado en química cerebral. El libro deja en claro que, cuando menos en Minsk, Oswald difícilmente era un tirador solitario: ambos salieron en numerosas citas dobles antes de la llegada de Marina. Pasa por una lista de novias y coqueteos que mantienen a Oswald, joven ex infante de marina, ocupado mientras su empleo de no hacer nada en una fábrica de radios no lo logra.
Una universidad de lengua extranjera, la cual sigue funcionando en una calle lateral frente a la plaza Victoria, aproximadamente a cinco minutos caminando desde su apartamento, fue un manantial de jóvenes mujeres de habla inglesa, así como uno de los centro de reunión favoritos.
“Nuestros gustos en chicas diferían marcadamente”, escribe Titovets en la memoria, Oswald, Episodio ruso, publicada en inglés en Bielorrusia. “A Lee le gusta una especie de mujer llamativa, desinhibida y seductora, de amplios pechos y esbelta, pero nunca de tipo atlético”.





























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