GRANDES LIGAS

El renacer de los peloteros cubanos

 

Una treintena de jugadores vio acción en la pasada temporada

mmartinez@elnuevoherald.com

La eliminación de los campeonatos profesionales y la ausencia de firmas directas a peloteros de la isla convirtió a los cubanos en el grupo más reducido entre los latinos en Grandes Ligas. A tal medida, que existió una etapa donde los jugadores antillanos estuvieron en peligro de extinción.

Al parecer, la temporada del 2012, que concluyó con la victoria de los Gigantes de San Francisco frente a los Tigres de Detroit en la Serie Mundial, indica el inicio del renacer de los peloteros cubanos en Grandes Ligas.

Treinta jugadores cubanos actuaron en la pasada campaña, 18 de ellos que nacieron en la isla y 12 en Estados Unidos que tienen raíces cubanas e identificados con ellas.

Entre los nacidos en Cuba se encuentran Aroldis Chapman, Yoenis Céspedes, Yuniesky Betancourt, Kendry Morales, Raúl Valdés, Francisley Bueno, José Contreras, Liván Hernández, Yonder Alonso, Yunel Escobar, Yasmani Grandal, Adeiny Hechavarría, José Iglesias, Leonys Martín, Brayán Peña, Alexei Ramírez, Dayán Viciedo y Eddy Rodríguez. En el otro grupo están Gio González, Gaby Sánchez, Al Avila, Raúl Ibáñez, J.P. Arencibia, Bronson Arroyo, Jon Jay, Julio Daniel Martínez, Sean Rodríguez, Matt Domínguez, Danny Valencia y Adrián Cárdenas.

La avalancha de peloteros cubanos hacia las Grandes Ligas parece incontenible. Para el 2013 se espera el ingreso de varios jugadores que se destacan en Ligas Menores. Hace sólo varios días el torpedero Roberto Carlos Ramírez, que se encontraba en México durante una gira de preparación del equipo antillano, abandonó la delegación. Y seguirán llegando otros muchos por diferentes caminos en busca de un mejor futuro en el béisbol profesional.

Pero es bueno repasar el pasado, pues la irregularidad de que un jugador tenga que escapar de su país para actuar a un nivel superior, no sucedía antes de 1961 cuando Cuba era de manera simultánea la segunda potencia beisbolera a nivel profesional y la primera en el campo amateur.

Cuba estuvo insertada dentro del béisbol profesional de Estados Unidos desde principio del pasado siglo. No sólo con jugadores, también con sus propios equipos. Primero en las Ligas Negras, luego en las Grandes Ligas y por último en las Ligas Menores.

El primer equipo cubano que jugó en las Ligas Negras entre 1907 y 1932 se llamó Cuban Stars West, organizado por Abel Linares y Agustín “Tinti’’ Molina. Más tarde, Alex Pompez creó la novena Cuban Stars East.

Entre 1930 y 1950 jugaron los New York Cubans, equipo donde también militaron peloteros de otros países latinos y estadounidenses, incluyendo dos estrellas como Orestes Miñoso y Juan “Tetelo’ Vargas. Los New York Cubans ganaron la Serie Mundial de las Ligas Negras derrotando a Cleveland Buckeyes.

En ese béisbol de las Ligas Negras actuaron luminarias del nivel de José Méndez, Cristóbal Torriente y Martín Dihigo, tres miembros de Cooperstown.

El pionero en la pelota profesional de Estados Unidos fue Esteban Bellán cuando militó entre 1871 y 1873 con los Troys Haymakers y New York Mutual de la Asociación Nacional. A partir de 1911, con la entrada de Armando Marsans y Rafael Almeida a Grandes Ligas con los Rojos de Cincinnati, comenzó la invasión de jugadores cubanos a las Mayores y no se detuvo hasta la abolición del profesionalismo en la isla en 1961.

Pero los cubanos no solamente estuvieron en las Ligas Negras y en las Mayores. Cuba también llegó a tener su propio equipo en Ligas Menores.

Era tanto el interés que existía en Estados Unidos por el pelotero cubano, que el empresario George P. Foster montó una franquicia y la llamó los Havana Cubans, que integrado por muchos jugadores procedentes de la Unión Atlética Amateur ganó casi todos los campeonatos entre 1946 y 1953.

En 1954, Roberto “Bobby’’ Maduro compró la franquicia y le cambió el nombre por el de Cuban Sugar Kings para jugar en la Liga Internacional de Triple A. Este equipo estaba afiliado a la organización de los Rojos de Cincinnati y ganaron la llamada “Pequeña Serie Mundial’’ en 1959 bajo la dirección de Preston Gómez derrotando en siete juegos a Minneapolis Miller. El partido decisivo se celebró en el Estadio del Cerro.

Por su extraordinario desarrollo, Cuba estaba a un paso de tener su propia franquicia de Grandes Ligas con el nombre de Havana. Por ello, existía una frase que decía: “Un paso más y llegamos’’.

Según historiadores de la época, cuando el nuevo gobierno comenzó a nacionalizar las empresas norteamericanas radicadas en la isla, la franquicia decidió abandonar Cuba y se ubicó en Jersey City, desapareciendo en 1961.

Con dicha desaparición, también murió el hermoso sueño que estaba a punto de lograrse: Cuba con su propio equipo en Grandes Ligas. La franquicia que le correspondía a La Habana pasó a manos de Toronto y Montreal.

A partir de 1962, los campeonatos cubanos pasaron a llamarse Series Nacionales. Con el tiempo, dicha etapa representó una frustración para centenares de peloteros que no pudieron jugar a un nivel superior. Muchos de estos jugadores tuvieron virtudes especiales para actuar en Grandes Ligas y estar entre los mejores de este béisbol.

Nos recordamos de Luis Giraldo Casanova, Antonio Muñoz, Fernando Sánchez, Armando Capiró, Omar Linares, Rogelio García, Jorge Luis Valdés, Pedro José Rodríguez, Víctor Mesa, Félix Isasi, Rey Vicente Anglada, Manuel Alarcón, Alfonso Urquiola, Braudilio Vinent, Orestes Kindelán, Juan Pérez Pérez, Germán Mesa, Lourdes Gourriel, Omar Carrero, Antonio Pacheco, Agustín Marquetti, Emilio Salgado, José Antonio Huelga, José Ibar, Gabriel Pierre y Javiér Méndez, por sólo mencionar a un grupo reducido de ellos.

Por varias razones el béisbol cubano del momento ha decrecido en calidad en comparación a otras etapas de su historia. Pero muy pocos expertos ponen en duda que el talento natural de sus jugadores permanece intacto. Como ejemplos ahí están Chapman, Céspedes, Morales, Ramírez, Viciedo, Grandal, los hermanos Orlando y Liván Hernández, Contreras, Escobar y algunos otros que han brillado en las Mayores.

Treinta peloteros cubanos jugaron en Grandes Ligas en el 2012 y 18 de ellos lo hicieron después de escapar del país por diferentes vías. La pregunta que muchos se hacen es la siguiente: ¿Cuántos jugadores cubanos estarían en las Mayores si existiera un proceso normal para firmar jugadores desde la isla?

Existe una realidad que nadie puede negar, y es que la otrora segunda potencia beisbolera del mundo, hoy por hoy es cuando más la quinta.

Para regresar al nivel de calidad que siempre tuvo la pelota cubana es necesario que las autoridades pertinentes abran sus puertas al profesionalismo para desarrollar este deporte a lo largo y ancho de la isla.

Cuba debe permitirle a sus jugadores que firmen contratos de Grandes Ligas sin tener que escapar de torneos internacionales o en una balsa a través del mar donde se juegan sus vidas. Debe permitir que los peloteros regresen a su patria y puedan vestir el glorioso uniforme cubano que desde la década del veinte del pasado siglo lleva conquistando torneos. Cuba puede tener sus campeonatos de béisbol amateur y profesional, tal como existían antes de 1961. Y por ello, nada se pierde y mucho se gana.

Cuando esto suceda, se acabarán las llamadas deserciones y el béisbol cubano volverá a crecer cualitativamente para ubicarse en el lugar que merece estar por su larga historia y por el talento natural de sus peloteros.

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