Cuando la carrera empieza, el trabajo de Alba Colón termina. Todo tiene que estar chequeado y listo. Nada queda a la improvisación. El cuidado de los detalles hace la diferencia en un mundo tan ferozmente competitivo como el de NASCAR.
Desde su posición de gerente general del Team Chevy, la ingeniera nacida en Salamanca, España, pero de corazón boricua, es la única mujer en tan alta posición en la serie automovilística más importante de Estados Unidos.
Llegar a ese escalón no fue nada fácil para Colón, de 44 años de edad.
Bastará decir que a su arribo a NASCAR en 1994, el septuple campeón Dale Earnhardt, apodado el Intimidador, vaticinó que no aguantaría más de un año.
Fue Dale Earnhardt quien me dijo que yo no lo iba a lograr en NASCAR, comentó Colón, quien reside en Royal Oak, Michigan. Tras eso, yo quería demostrarle que estaba equivocado.
El campeonísimo -quien murió en la última vuelta de la Daytona 500 en el 2001- se rectificó un año después cuando ganó la carrera de Brickyard 400, la felicitó y le dijo: Yo sabía que lo lograrías. Ese fue uno de los mayores halagos que Colón jamás haya recibido.
Sobre la base de trabajo duro, Colón se impuso en un mundo doblemente adverso para ella por razones de género y cultura.
Cuando le pregunto qué hace en su tiempo libre, Colón exclama:
Eso no existe para mí. Estamos 24 horas al día y siete días a la semana con nuestros equipos, en un trabajo muy fuerte desde febrero a noviembre. A veces en la mitad de la mañana tengo cuatro reuniones. Hay que estar en la pista, en los nuevos proyectos. Si me quedo parada, no soy yo.
Afirma que al año realiza más de 200 viajes en avión y eso le ha enseñado a ser muy pragmática con su equipaje, a no llevar nada que la detenga en los controles de seguridad y tener una gran dosis de paciencia cuando se retrasan los vuelos y sólo hay que esperar y aprovechar para repasar la computadora.
La labor de Alba es supervisar a los ingenieros, chequear que todo esté listo para que los pilotos puedan desenvolverse al máximo nivel a la hora de las carreras. Además integra el equipo de la General Motors que condujo el rediseño de los autos para la temporada del 2013 de NASCAR, donde habrán cambios sustanciales.
El objetivo de los constructores es que los vehículos que compiten en NASCAR se parezcan cada vez más a los automóviles que circulan diariamente en calles y autopistas, informó Colón. La idea es que la gente vea en las distribuidoras los mismos vehículos que compiten en NASCAR, se entusiasmen y los compren.
La construcción del un carro nuevo para NASCAR impulsó mucho más su enorme pasión por el automovilismo y la ingeniería.
Es importante poner una huella, expresó Colón. Buscamos una milla extra de rendimiento, queremos un carro más seguro, y que nada le pase a los pilotos.
El próximo fin de semana, Chevy buscará ganar en Homestead, en el fin de la temporada de NASCAR.
Me encanta el saborcito de Miami, comentó Colón. Vamos a disputar una de las carreras más importanes de los últimos años. Hemos ganado los últimos siete años. Y el lunes siguiente, a las 9 a.m. viajo a Puerto Rico.
Nacida en Salamanca, desde muy pequeña se fue con su familia a vivir a Puerto Rico. Recuerda que su sueño era ser astronauta. Su familia vivía a cinco minutos de la Universidad de Ingeniería de Mayagüez, y esa cercanía le despertó la curiosidad por seguir esa carrera.
Terminado sus estudios universitarios se enroló en NASCAR donde precisamente su pasión por el automovilismo le permitió triunfar.
En medio de esta vida tan intensa se reserva un tiempo para labores de filantropía. Es miembro de la Sociedad de Ingenieros Automotores y ayuda en el reclutamiento de jóvenes ingenieros que llegan de la universidad.
La educación es la base para una vida exitosa, afirmó Colón. Para mi fue clave, por eso me encanta transmitir estas experiencias en los jóvenes para que puedan construir un camino de éxito.
La vida agitada de NASCAR también le dio satisfacciones sentimentales. En uno de sus numerosos viajes en avión conoció al hombre que se convertiría en su esposo, Jeff Ruedisueli, a quien conoció en el aeropuerto, in Greensboro, Carolina del Norte.
Así es la vida de Colón, un apasionado recorrido entre tuercas, pistas de carreras y aeropuertos. Y el motor que la impulsa es su pasión por el mundo automotriz.



























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