Cuando Jorge Alberto González convenció a una divorciada que soltara $250,000 en un acuerdo de inversión, le ofreció como garantía una valiosa pintura de la renombrada pintora cubana Amelia Peláez.
Pero, después de tres años, la inversión resultó ser una estafa, y la pintura una falsificación total.
Un jurado de Miami-Dade encontró culpable esta semana a González, de 50 años, de robo de mayor cuantía de primer grado luego de que la fiscalía mostró que usó el dinero, no en una inversión, sino para comprar carros de lujo, pagar el alquiler y financiar la educación de sus hijos en escuelas privadas.
Investigadores afirman que González tiene un historial de estafas similares, y el veredicto del jurado causó alivio a la comunidad artística de Miami-Dade que lo consideraba un estafador de primera.
Ha estado robando a la gente a diestra y siniestra en la comunidad artística, afirmó Ramón Cernuda, dueño de la galería de Coral Gables Cernuda Arte, quien dice que González le vendió una obra de arte falsificada hace años. Es bueno que las autoridades hayan intervenido finalmente. Necesitamos más intervenciones así.
El juicio de cuatro días contó además con el testimonio de Juan A. Martínez, historiador de arte de la Universidad Internacional de la Florida, quien dijo que la supuesta pintura de Peláez era una falsificación chapucera. La defensa de González fue que el incidente fue sólo una disputa de contrato por lo civil.
En este caso, la mujer estafada fue María Dávila, empleada de Servicios de Ciudadanía e Inmigración de EEUU en Miami.
En el 2005, González pareció brindarle a ella apoyo moral durante un divorcio difícil, según la orden de arresto. Luego que ella recibió una gruesa compensación de divorcio, González le hizo una oferta tentadora.
González dijo tener una cuenta de banco en España con un retorno del 10 por ciento en tres años. Todo lo que ella tenía que hacer era depositar el dinero en la cuenta de banco personal de él; él transferiría el dinero a España y le devolvería el 5 por ciento.
Como garantía, González le dio una supuesta pintura original de Peláez, pintora moderna e ícono cubano que murió en 1968. Afirmó que la pintura valía medio millón de dólares.
En octubre del 2009, justo antes de que terminara el plazo de la inversión, González llamó a Dávila para decirle que había sufrido problemas financieros extremos con el banco español. Su dinero no le iba a llegar pronto.
Dávila, tras quejarse a la Policía de Miami-Dade, comenzó a indagar en la comunidad artística de Miami sobre la autenticidad de la pintura. De un modo u otro, González se enteró.
Según la policía, la llamó y la amenazó con hacer que la despidieran de su empleo federal.
Detectives de Miami-Dade, mientras tanto, estudiaron los registros bancarios de González. Antes de que Dávila depositara el dinero, su cuenta de banco sólo contenía $2.91.
En cuestión de días, González salió de compras, y se hizo de un camión nuevo y de un Lexus para su esposa, mostró en el juicio el fiscal de Miami-Dade William Kostrzewski. Usó también el dinero para pagar alquiler y la matrícula de la escuela privada de sus hijos.





























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