Estados Unidos

Tea Party es más discreto ante los pragmáticos republicanos

 

/AFP

Hace apenas dos años, decenas de nuevos congresistas entraban a tambor batiente en el Congreso en representación de los ultraconservadores del Tea Party, pero la reelección de Barack Obama y los problemas del país muestran los límites de su intransigencia.

Los demócratas enumeran con delectación las derrotas de las voces más estridentes de esta corriente: Richard Mourdock, el hombre que quiere prohibir el aborto bajo cualquier circunstancia; Todd Akin, quien adquirió notoriedad internacional luego de afirmar que las mujeres víctimas de “una verdadera violación” tienen medios para impedir un embarazo; Allen West, cuyas declaraciones sobre los 80 demócratas “miembros del partido comunista” hicieron furor; y Joe Walsh, quien había boicoteado al presidente durante el discurso sobre el Estado de la Unión.

Pero aunque la casi totalidad de ellos salió indemne -al menos 51 de los 55 miembros del grupo fueron reelectos el martes-, el tono inflexible del Tea Party ya no es de recibo en el Congreso, luego de dos años de inoperancia.

“Los candidatos del Tea Party que ganaron, en su mayoría se distanciaron del programa del Tea Party”, dijo el senador demócrata Charles Schumer. “Se calmaron un poco”.

El presidente de la Cámara, John Boehner, a quien los miembros del Tea Party habían presionado abiertamente durante las negociaciones sobre el incremento del techo de la deuda en 2011, inmediatamente tendió la mano al presidente el día después de la elección, descartando el viernes toda posibilidad de revuelta interna.

“De hecho, no hay realmente un grupo Tea Party”, declaró a la cadena ABC.

Los republicanos saben que la popularidad del Congreso tocó fondo y que necesitan mostrar resultados sobre los temas candentes: presupuesto, reducción del déficit, reforma de las leyes migratorias.

Pero aunque las banderas del Tea Party desaparecieron de las pantallas durante la campaña, sus miembros continuarán reclamando siempre “menos Estado”.

“Habrá una suerte de guerra civil interna en el Partido Republicano, entre la extrema derecha del Tea Party y la derecha cristiana de un lado y los denominados moderados del otro”, pronosticó Brigitte Nacos, de la universidad de Columbia en Nueva York, quien sigue la evolución del grupo.

Los fundadores del movimiento ven en la derrota “catastrófica” de Mitt Romney la prueba de que la campaña no se situó lo suficientemente a la derecha. Según Jenny Beth Martin, fundadora de Patriotas del Tea Party, uno de los primeros grupos formados en el país, los republicanos deben en realidad radicalizarse más.

“Nuestro candidato era débil, elegido por las elites de Washington y por los miembros de los clubes privados del partido republicano”, sentenció Martin en la noche de la elección.

Otras voces republicanas quieren emprender una renovación, entre ellos el senador latino Marco Rubio, motivado por el tema de la inmigración, luego de haber sido elegido en 2010 en la ola del Tea Party.

Su posicionamiento durante los próximos debates presupuestarios será un indicador crucial de la evolución del movimiento.

“Los miembros más conservadores sobre temas económicos cambiaron fundamentalmente la composición de la Cámara”, se congratula Jacqueline Bodnar, de la red Freedomworks. “El incremento del techo de la deuda era en el pasado una simple formalidad. Hoy, en cada oportunidad da lugar a una verdadera batalla”.

El aumento de este límite, necesario para permitir que el Estado federal pueda obtener recursos adicionales, debe ser aprobado antes de fin de año, en lo que será el primer test real sobre la capacidad de bloqueo del Tea party, versión 2012.

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