Cuando Arleen Barreiros fue diagnosticada con diabetes tipo 2 a los 27 años de edad, la noticia no fue una sorpresa. Estaba sobrepeso y tenía problemas para hacer los cambios necesarios en su estilo de vida que le ayudarían a eliminar esas libras. Además, su abuela, su madre y su padre tenían diabetes.
Pero el diagnóstico la obligó a hacer cambios inmediatos en la dieta. El mayor reto puede haber sido ser hija de inmigrantes cubanos.
Tuve que explorar alimentos a los que no estaba acostumbrada mientras crecía, dice Barreiros, que tiene ahora 35 años. ¿Vegetales? No comíamos vegetales. Tuve que alejarme de la comida cubana tradicional porque tiene mucha grasa, todo se fríe y es alta en carbohidratos. Eso es difícil de balancear.
Es un sentimiento compartido en Miami, donde más de la mitad de la población es hispana. Los expertos dicen que la cocina tradicional de los países del Caribe, Centro y Sur América, está a menudo llena de carbohidratos simples con un alto índice glucémico. Los azúcares en alimentos como el arroz blanco y el pan blanco, se descomponen rápidamente en el organismo provocando alzas abruptas en los niveles de azúcar en el sistema sanguíneo.
Ese tipo de dieta, unido a un estilo de vida más sedentario en los Estados Unidos, y fácil acceso a alimentos empacados y refrescos, provoca una combinación poco saludable para millones de inmigrantes hispanos y sus hijos. De acuerdo con un estudio nacional del 2010, llevado a cabo por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), los adultos hispanos son 1.7 veces más propensos a tener diabetes que las personas blancas no hispanas.
Por ejemplo, pensemos en alguien que creció en Cuba, Colombia o Perú. Cuando vivían allá no tenían diabetes, dice el doctor Joseph Gutman, endocrinólogo en el Centro Médico Mount Sinai. Se mudaron acá y comenzaron a consumir comida rápida y bebidas de cola, añadiendo una carga que sus organismos no pueden manejar. Sí, el arroz blanco es terrible, pero eso solo significa que no lo puede consumir en las cantidades a las que estaba acostumbrado. Usted le está echando sal a la herida.
Gutman y otros que tratan pacientes diabéticos o a riesgo de contraer la enfermedad, dicen que uno de los primeros pasos es convencer a los pacientes, tanto hispanos como no hispanos, de eliminar de la dieta las bebidas dulces, tales como refrescos y jugos, que tienen un alto índice glucémico.
He tenido algunos pacientes que ingieren de cuatro a cinco bebidas de cola al día y lo único que hemos logrado es que cambien de bebida, dice el doctor Ted Feldman, director médico del Centro de Prevención y Bienestar en el Baptist Health South Florida y el South Miami Heart Center en el Hospital South Miami. Si la eliminaran perderían peso inmediatamente.
La nutricionista Rocío García dice que para muchos de sus pacientes hispanos, es especialmente difícil de entender por qué deben limitar la ingesta de jugo de frutas.
Piensan que como proviene de una fruta es saludable, comenta García, quien ofrece consejería a pacientes con trasplante de órgano en el Hospital Jackson Memorial. Con los jugos no se obtiene toda la fibra de la fruta. Si toma 6 onzas de jugo de naranja, es como si estuviera comiendo tres naranjas a la vez, pero sin todos los beneficios.






























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