Por más de 20 años, Arnulfo Díaz recorrió los terrenos de béisbol del Parque Tamiami, repartiendo a los jugadores las populares empanadas que él y su esposa Benita preparaban todos los días desde las 4:30 a.m. Los que frecuentan el parque lo llamaban cariñosamente El Abuelito, apodo que Díaz aceptó con orgullo.
Díaz falleció el viernes 9 de noviembre, a sus 84 años, en su casa en Miami.
En el 2011 El Abuelito tuvo un accidente de auto cuando se dirigía a repartir empanadas, contó su hija Marilyn. El cubano se fracturó cuatro costillas, además el accidente afectó su sistema nervioso, causándole varios derrames en los meses siguientes.
Aun así, El Abuelito seguía sonriendo y repartiendo sabiduría a los que lo rodeaban.
Nunca se quejó de dolor y siempre le dio ánimo a los demás, dijo Marilyn. Siguió trabajando hasta que ya no pudo más, haciendo 500 a 600 empanadas por día.
Esto era especialmente admirable ya que El Abuelito nació con solo parte de un brazo. Desde que era un niño en Consolación del Sur, Pinar del Río, Díaz trabajó para ayudar a su madre y hermanos. Al quedarse huérfano de padre, se encargó de la siembra de arroz y la crianza de los animales en la finca familiar.
En la década de los 80 Díaz y su esposa Benita se mudaron a Costa Rica, y más tarde a Miami. El hombre trabajó en los supermercados Sedano y Publix y luego fue empleado por la liga de béisbol del parque Tamiami.
En abril del año pasado decenas de jugadores y familiares de Díaz lo honraron con una fiesta en reconocimiento a su labor. Entonces, le regalaron al octogenario un bate grabado con su nombre, una placa en su honor y un dibujo de él mismo enmarcado.
Ese fue un momento muy especial para mi padre, contó Marilyn. Siempre supo que fue muy querido por todos y amaba a sus niños de igual manera. Hasta el final de sus días se preocupó por ellos y preguntaba por ellos.
Cathy Lima, la madre de uno de los 1,500 jóvenes que juegan en los terrenos del parque, ayudó a organizar la celebración en homenaje a Díaz. La muerte de El Abuelito ha consternado a Lima, así como a muchas familias que le conocieron, según contó.
Era una persona admirable, trabajadora, inspiradora, dijo Lima. Este mundo necesita más personas como él.
Durante el homenaje El Abuelito lanzó la primera pelota del partido, algo que probablemente disfrutó ya que el béisbol fue su deporte favorito. Durante su niñez en Cuba Díaz jugó para el equipo de su escuela secundaria, como segunda base y campocorto.
Nunca se limitó y todo lo hacía con una sonrisa, dijo Marilyn, entre sollozos. Siempre decía la vida es una sonrisa.
Los restos de Díaz fueron velados el domingo 11 en la funeraria Memorial Plan, de Coral Gables.
Además de su hija Marilyn y su esposa Benita, a Díaz le sobreviven su hijo Arnulfo, cinco nietos y dos bisnietos.
En honor a El Abuelito, sus familiares brindaron a los asistentes al velorio 400 empanadas de varios sabores, que ellos mismos prepararon la mañana del domingo.




























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