Dentro del arte contemporáneo cubano, la fotografía en conjunción con la instalación y el video han desempeñado un rol vital en la indagación y análisis de la idiosincrasia cubana y el acontecer diario de la isla.
Desde que la fotografía llegó a Cuba en la temprana fecha de 1840, la imagen fotográfica ha estado indisolublemente ligada a la historia y el sentir cubanos, destacando en sus primeros tiempos la figura pionera de Joaquín Blez Marcé, y más tarde nombres de la talla de Alberto Korda, Raúl Corrales, Mario García Joya (Mayito), Roberto Salas, José Antonio Figueroa, Liborio Noval y Chinolope.
Con la irrupción del Movimiento de nuevo arte cubano en la escena artística nacional hacia finales de la década de los años 70 y principios de los 80, el interés por la fotografía se desplaza desde la imagen documental ligada al acontecer de la revolución que había predominado en décadas anteriores, para acercarse a una mirada intimista donde lo documental pasa a través del universo psicológico del retratado. En este momento se rescata la temprana te figura de Joaquín Blez Marcé, cuya obra cargada de lirismo y simbolismo, se adecua a las nuevas estrategias discursivas.
Entre los artistas de esta generación destacan los nombres de Marta María Pérez, René Peña, Abigaíl González y Gory. Pronto, una nueva oleada de creadores se sumará a este primer grupo. Entre ellos, Juan Carlos Alom, Manuel Piña, Eduardo Muñoz-Ordoqui, Cirenaica Moreira, José Ney y Ricardo Elías, hasta llegar a los más jóvenes donde asoman figuras como Glenda León, Mabel Llevat y Liudmila Velasco.
Una feliz coincidencia ha hecho que nuestra ciudad abrace a un tiempo varias exposiciones dedicadas a la fotografía cubana.
En primera instancia, se impone la exposición personal de Marta María Pérez (La Habana, 1959), una de las figuras cimeras de la fotografía cubana contemporánea, presentada por Alma Fine Art.
Bajo el título Vidente, la muestra comprende una serie de videos de corta duración que funcionan como una extensión de la insaciable indagación etnográfica que ha obsesionado a la artista durante más de tres décadas y donde el complejo entramado de las religiones sincréticas afrocubanas sirven de paralelo para la búsqueda en problemáticas espirituales, supersticiones y prejuicios de carácter global.
Vidente, como su título indica, juega con las expectativas del espectador que, cual intruso, asoma a la práctica de ritos íntimos a cuyo significado escapa. Tal es el caso de Un acuerdo (1:35 min, 2011) y Un camino oscuro (1:30 min, 2011).
En el primero, la artista –que es siempre la encarnación de los avatares que protagoniza su obra– susurra al interior de una botella votos que desconocemos, mientras que en Un camino oscuro, sus pies armados de velas tratan de abrirse camino en medio de la compleja madeja que es el presente.
Por su lado, BuzzArt Gallery presenta la excelente muestra 1989-2012 Fotografías de Juan Carlos Alom, compuesta por 77 obras que recorren la prolija carrera de este fotógrafo, calificado por Times Magazine como uno de los 10 mejores fotógrafos latinoamericanos del milenio. Entre las obras paradigmáticas incluidas en la muestra, sobresale Laura o el nuevo desnudo. La obra, realizada en el 1989, año en el que Alom (La Habana, 1964) despunta su carrera artística, es una prueba de artista de la que no se conservan negativos. La sintomática pieza resume el devenir de la carrera de Alom.




























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