Artes y Letras

Ignacio Cárdenas Acuña y Rodolfo Pérez Valero, exponentes de la literatura derivada de la censura en Cuba

 

smoreno@elnuevoherald.com

Cuando hace un tiempo un académico español le hablaba a Rodolfo Pérez Valero del Quinquenio gris (1971-1976) como una etapa de persecusión y purgas que afectó a los intelectuales cubanos, el escritor no podía más que recordar que aquella ola de oscuridad, represión y autocensura alcanzó también a toda la sociedad en la isla.

“El Quinquenio gris lo vivimos todos los cubanos. Lo había en mi barrio, con el Comité de Defensa de la Revolución (CDR). Cuando escribí No es tiempo de ceremonias, no puse en el libro lo que no podía decir en mi cuadra, en la universidad ni en el trabajo. Nadie nunca me dijo lo que no podía escribir, porque yo lo sabía. Uno estaba educado en la autocensura, pero no como intelectual sino como estudiante y trabajador”, recordó Pérez Valero.

El escritor, uno de los cultivadores de la novela policíaca en Cuba, conversó con El Nuevo Herald en su casa del suroeste de Miami. En la entrevista estaba presente además el escritor Ignacio Cárdenas Acuña (Matanzas, 1924), pionero del género en Cuba. Este domingo ambos participan en un panel sobre la novela negra cubana en la Feria Internacional del Libro de Miami.

Pérez Valero (La Habana, 1947) trabajaba en un grupo de teatro cuando su novela No es tiempo de ceremonia (1974) obtuvo el premio Aniversario de la Revolución en un concurso de literatura policíaca que organizaba el Ministerio del Interior (MININT). Para entonces Enigma para un domingo, de Cárdenas Acuña, se había convertido en un bestseller, sorprendiendo a muchos, especialmente al jurado que, en 1968 la menospreció, y le otorgó solo una primera mención en un concurso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

“Parece que les extrañó recibir una novela policíaca, y le dieron el primer premio a Las cercas caminaban, de Alcides Iznaga”, expresó Cárdenas Acuña, un ingeniero eléctrico que empezó a presentar sus cuentos a concursos y editoriales desde la década de 1940.

“Recuerdo que envíe un cuento a la revista Carteles, y G. Caín, que estaba a cargo de las cuestiones literarias, me escribió una carta haciéndome algunas observaciones que después me sirvieron de mucho”, apuntó Cárdenas Acuña, refiriéndose al escritor Guillermo Cabrera Infante por el seudónimo que usaba para escribir sus crónicas de cine.

El éxito de Enigma para un domingo, y la circulación casi clandestina entre los lectores isleños de novelas de espionaje al estilo la serie de James Bond, de Ian Fleming, impulsaron al Ministerio del Interior a crear el primer concurso de novela policíaca en 1972, exclusivamente para sus miembros. No fue hasta que se dieron cuenta de que no había muchos escritores entre sus filas que permitieron participar en el concurso a civiles como Pérez Valero.

“En ese tiempo no hacíamos crítica. Hablábamos solo del delito común y después se introdujo el contraespionaje. No es tiempo de ceremonias trata de un robo, no hay crítica social. Sin embargo, cuando los académicos extranjeros estudiaban la literatura cubana consideraban que la policíaca era la única que decía que esa sociedad no era perfecta”, expresó Pérez Valero, contando que no fue hasta que estos académicos empezaron a notar a los escritores policíacos isleños que se les permitió llegar a formar parte de la UNEAC.

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