Rafael Rojas es uno de los ensayistas e historiadores cubanos residentes fuera de la isla más respetados y premiados. Aun así y quizás por esta razón es uno de los más atacado por los personajes vinculados al oficialismo cultural cubano. Su respuesta a estos ataques ha sido más estudio y más escritura, y el cultivo de un rigor académico reconocido con el Premio Anagrama de Ensayo 2006 y la primera edición del Premio de Ensayo Isabel Polanco en el 2009, cuyo jurado estuvo presidido por el desaparecido escritor Carlos Fuentes.
Rojas (Santa Clara, 1965) se desempeña en la actualidad como Director de la División de Historia del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) en la Ciudad de México y como Globar Scholar en Princeton, un programa de esa prestigiosa universidad que invita a algunos de los intelectuales más destacados del mundo a impartir conferencias y seminarios en sus aulas.
Este domingo Rojas presenta en la Feria Internacional del Libro de Miami, coordinada por el Miami Dade College, su libro más reciente, La máquina del olvido. Mito, historia y poder en Cuba (Taurus, 2012).
Parte de la expresión utilizada por el poeta Aimé Césaire, máquina del olvido, para estos ensayos de reflexión sobre los dilemas de la memoria y el olvido, y de la pluralidad de memorias en Cuba. ¿Cómo se ha manifestado esta maquina del olvido en la historiografía oficial y cuáles han sido sus resultados?
La historia oficial en Cuba, como en otros regímenes totalitarios, se construyó sobre una visión absolutamente negativa del pasado de la isla. Dado que el objetivo era presentar a la Revolución y a sus líderes como los fundadores del Estado nacional, la experiencia histórica anterior a 1959 fue sometida a caricaturas y a estereotipos que hoy la propia historiografía académica producida en la isla descarta mayoritariamente.
Habla de una pluralización de los discursos públicos en las últimas décadas en Cuba. ¿Cuáles son los temas fundamentales de estos jóvenes historiadores y cuánto ha mellado el relato oficial?
En los últimos años los discursos públicos se han pluralizado por medio de las publicaciones académicas institucionales y de publicaciones electrónicas y proyectos autónomos de sociabilidad cultural, como Estado de Sats, Observatorio Crítico, Havana Times, Espacio Laical o la red de blogs independientes, en los que circulan diversas ideologías católicas, liberales o socialistas. Los jóvenes historiadores han abandonado abiertamente el mito de los cien años de lucha y de la revolución inconclusa, el culto a José Martí, la descalificación de las tradiciones no revolucionarias, la tesis de la ausencia de soberanía antes de 1959, de la armonía racial o de la homogeneidad política entre cubanos.
Destaca que el concepto articulador de esta historiografía no es la identidad, que predomina en el relato oficial, sino la diversidad. ¿Cómo han conseguido reflejar esta diversidad, que también apunta no se realiza en la práctica?




























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