El gobernador Rick Scott se asentó en la capital del Estado del Sol con un lema que despedía destellos y prometía transparencia y eficiencia: administrar el gobierno como una empresa.
Dicha empresa ha venido ahogando con furia a los ciudadanos, en especial a los propietarios, mientras que en Tallahassee, los politiqueros y truhanes hacen de las suyas, malversando fondos y silenciando a quienes descorren la cortina de sus pecados.
Esta aborrecible conducta se proyecta en una forma muy dinámica, convincente y, por qué no, entretenida, en la aseguradora estatal pública Citizens Property Insurance, hoy la mayor empresa de seguros de viviendas y empresas que, con ejemplar destreza, hace la vida de cuadritos a muchos de sus 1.4 millones de asegurados.
Un día después de elevar las copas de champaña y comer doce uvas al ritmo de la campanada del cambio de año, entra en vigor el aumento de 10.8 por ciento en las primas de las pólizas de riesgos múltiples, además de otros incrementos más pronunciados para alcanzar la paridad con las aseguradoras comerciales y deshacerse de miles de clientes.
Esto sucede poco después de que Citizens, pese a que atesora en efectivo un récord de unos $6,200 millones, obligara a los abonados a pagar más de $100 millones en primas adicionales tras reinspeccionar sus casas y eliminar rebajas que había conferido a los asegurados por fortificar sus propiedades contra vientos huracanados e inundación.
En un esfuerzo paralelo, enmarcado dentro de la política clásica de privatizaciones que ejecuta el gobierno de Scott, el estado ha comenzado a transferir miles de pólizas a manos de aseguradoras privadas más pequeñas con escaso capital que probablemente deberán subir las primas para asumir el alto riesgo si llegara a ocurrir una catástrofe. Como premio —y soborno— a estas empresas por hacerse cargo de las pólizas, las autoridades aprobaron concederles préstamos a bajo interés por $350 millones, fondos provenientes de la aseguradora estatal.
Dicho de otro modo, Citizens conservará las pólizas más riesgosas y menos reservas en sus arcas; los propietarios pagarán tasas más altas por menos cobertura de daños, a la vez que las oportunistas aseguradoras privadas saldrán cantando coplas. Los floridanos debieran estar indignados por este programa de bienestar corporativo.
El acecho a los ciudadanos es un descaro doble en virtud de los sucesos recientes que han desplomado la credibilidad de la aseguradora estatal por la colosal hipocresía de sus dirigentes que, mientras fomentan el miedo vaticinando una tempestad en el futuro inmediato, se dan un gustazo despilfarrando los fondos de los asegurados y cometen otras impropiedades corporativas.
Mientras presionaban a las autoridades normativas de seguros por un doloroso aumento en las primas, los ejecutivos se hospedaban en habitaciones de hotel por $600 la noche, viajaban al Caribe en cabinas de primera clase y hasta gastaban en bebidas alcohólicas y cortes de cabello a costa de los dueños de casa. Acusaciones de sus propios empleados pusieron al descubierto un ambiente violento en sus centros de trabajo donde se usaban recursos de la compañía en juegos de azar.
En vez barrer la casa y desinfectarse, Citizens optó por embarrarse aún más al disolver la Oficina de Integridad Corporativa que investiga la corrupción interna y despidió a cuatro de sus empleados que habían descubierto evidencia de favoritismos, compensación inadecuada y mal manejo de investigaciones en la cúpula de mando de la compañía estatal, según una auditoría divulgada el viernes.
Los hallazgos de la pesquisa interna exponen una serie de desequilibrados comportamientos que harían un buen guión de cine: alegatos de hostigamiento sexual; una funcionaria de recursos humanos que se desnudó ebria en un bar, otra ejerciendo como abogada sin licencia; falsificación de documentos y un colorido e interminable desfile de corruptelas.
Con razón que la aseguradora estatal se destaca por sus retrasos crónicos en reembolsar los reclamos de los propietarios, incluso algunos que han tenido que esperar varios años, viviendo bajo techos azules provisionales, por su dinero para hacer las reparaciones de sus casas.
Con Scott al timón del barco, Citizens en crisis económica y moral, las tasas de las pólizas en ascenso y un proceso más complejo aprobado por la Legislatura para presentar un reclamo y conseguir el pago, los propietarios, rehenes de este sistema si pagan hipoteca, tienen razones para sentirse más inseguros que nunca. Es muy triste, pero día a día, se hace más evidente que en Tallahassee no hay corazón.


























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