WASHINGTON -- Paula Broadwell y las hermanas gemelas Natalie Khawam y Jill Kelley tenían conexiones de cuatro estrellas y aparentemente, estrellas en sus ojos
Broadwell se implicó en una aventura extramarital con el ex general David Petraeus. Kelley cultivó amistades con altos oficiales en el Comando Central de EEUU en Tampa, y presuntamente intercambió correos electrónicos coqueteando con el general de la Infantería de Marina John Allen. Khawam circulaba entre la élite de Washington..
Las puertas se siguieron abriendo para las tres mujeres, como si hubieran aprendido una clave o un golpeteo secreto en una puerta. El viernes, la Casa Blanca reveló que Kelly y Khawam habían disfrutado dos comidas en el comedor de la Casa Blanca junto a un funcionario de nivel medio del gobierno de Barack Obama.
Ahora, el comportamiento de Petraeus le ha costado su carrera como director de la CIA y posiblemente alguna candidatura política futura. La relación de Allen con el escándalo, por el momento, ha detenido su planeada promoción a máximo comandante de la OTAN. En cuanto a las mujeres ligadas al drama, las puertas se cierran mientras se despejan las sombras de sus ambiciones sociales.
Sus historias entrelazadas parecen revivir ciertos argumentos comunes en la capital de la nación y cualquier otro lugar donde los aspirantes se reúnen en torno a quienes ocupan posiciones de poder.
“Creo que se puede responder la pregunta leyendo el Viejo Testamento’’, dijo el ex senador de la Florida Bob Graham, quien fuera presidente de la Comisión de Inteligencia del Senado, el viernes cuando se le interrogó en torno a las revelaciones que comenzaron a conocerse con la sorpresiva renuncia de Petraeus el 9 de noviembre. “Eso ha estado pasando por mucho tiempo’’.
Como mínimo, el escándalo ha sacudido las altas esferas de las comunidades militar y de inteligencia de Estados Unidos.
Máas allá de las calamidades personales, los agentes del FBI investigan posibles filtraciones en la seguridad nacional tratando de reconstruir cómo fue que Broadwell y Kelley, cada una por separado, se acercaron a altas figuras del gobierno, y si se vio comprometida alguna informació delicada., de acuerdo con un oficial policial informado del caso que pidió anonimato debido a que la pesquisa está en proceso y es confidencial.
Para sus amigos y partidarios, Broadwell, Khawam y Kelley son mucho más que dos personalidades bidimensionales atrapadas bajo un inclemente foco de la atención. Broadwell es una madre amante y una inteligente egresada de West Point. Kelley, también, es una buena madre y una anfitriona amable. Khawam, quien también es madre, es una vivaz abogada que estudió en la Universidad de Georgetown.
No se puede considerar a las tres mujeres como un todo uniforme. Nadie ha dicho que Khawam tuvo alguna relación inapropiada con un funcionario de gobierno; tanto Allen como Kelley han negado sostener relación sexual alguna.
Sin embargo, las tres mujeres han mostrado talento para la socialización productiva.
Broadwell, de 40 años, convirtió una reunión inicial con Petraeus en Harvard en una asignación para escribir su biografía. Con toda desenvoltura, Kelley y su esposo cirujano, Scott, fueron anfitriones de eventos en honor alos comandantes de EEUU y para delegaciones del extranjero en su mansión frente a la bahía de Tampa.






























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