El Partido Demócrata de la Florida se está regodeando después de las elecciones del 6 de noviembre, como debería ser. Tras de dos décadas de derrotas, enfrentando a una mayoría republicana a prueba de vetos en la Legislatura, un gobernador del tea party que gastó $50 millones de su propio dinero en anuncios de televisión para ganar, los demócratas recuperaron su energía.
Bueno, en cierto modo.
Los demócratas de la Florida pueden mencionar la ganancia de cuatro bancas en el Congreso, entregar un segundo término al presidente Barack Obama y finalmente, deshacer la súper mayoría del Partido Republicano en Tallahassee al obtener varios puestos legislativos. Los votantes también le dieron un rotundo no al intento del Partido Republicano de la Florida de tratar de sacar a tres magistrados de la Corte Suprema del estado por decisiones con las cuales la agrupación política no estaba de acuerdo y rechazaron enmiendas constitucionales que buscaban meter al gobierno en los derechos reproductivos de la mujer y abrir la puerta para el financiamiento público a las escuelas religiosas.
Incluso en el Condado de Miami-Dade, donde a los demócratas hispanos no les fue bien en las bancas en competencia para la Legislatura, un novato, José Javier Rodríguez, derrotó a un veterano legislador republicano, Alex Díaz de la Portilla. El abogado graduado de Harvard lo hizo a la antigua, tocando exhaustivamente en las puertas de los votantes.
Pero a pesar de todas esas victorias, la realidad en Miami-Dade se mantiene un trabajo duro para los candidatos demócratas en las contiendas legislativas, particularmente los cubano-americanos. Puedo ir atrás a la invasión de Bahía de Cochinos y Kennedy retirando la fuerza aérea para luchar contra los comunistas, pero todos sabemos la historia de por qué el voto de los cubano-americanos ha ido a los republicanos desde que los exiliados se convirtieron en ciudadanos estadounidenses durante el ascenso de Ronald Reagan a la presidencia. Sin embargo, los cubano-americanos no son tan conservadores como ellos pueden llevar a creer a la gente: las encuestas muestran que son fuertes partidarios de los servicios sociales, del Medicare, de la Seguridad Social y de las oportunidades educacionales, gracias a los préstamos y becas federales.
Yo escribía esta columna hace 20 años, en Orlando, cuando Lawton Chiles era el gobernador, y hacía la misma pregunta: ¿Por qué no pueden los demócratas preparar candidatos hispanos atractivos mientras los republicanos tienen un montón de brillantes y enérgicos listos para la batalla?
El ex senador estatal Dan Gelber, de Miami, cuando era el líder demócrata, reclutó al ex comisionado de Miami Beach Luis García para que aspirara en la Legislatura y el inteligente político ganó sólo hace unos años. Pero cuando García optó por aspirar este año a la banca del representante federal David Rivera, fue ahogado por la maquinaria del partido. Joe García, sin relación con el ex jefe del Partido Demócrata en Miami-Dade, ganó esa banca en el Congreso, pero no sabremos hasta las próximas elecciones si los votantes sufragaron por él o simplemente en contra de un Rivera desafiado éticamente y su accidentada historia de chanchullos financieros.



























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