Janet Murillo tenía 23 años cuando abandonó Honduras para buscar trabajo en Estados Unidos. Su idea era enviar dinero a los tres hijos que dejaba atrás con su familia: un bebé de 9 meses y dos hijas, de cuatro y dos años respectivamente.
Fue en 1994 que Murillo viajó en autobús a la frontera entre México y Estados Unidos y cruzó el Río Bravo cerca de Brownsville, Texas. Eventualmente se asentó en Miami, donde tiene familiares, pero nunca pudo obtener un estatus migratorio.
Trabajé donde pude porque todo era para el futuro de mis hijos, dijo Murillo, quien se dedica a limpiar casas. Hace una década trajo a sus hijos. Nixon Pineda tiene ahora 19 años mientras que sus hermanas, Marjory y Cindy Pineda, tienen 22 y 23.
Murillo relató su historia unos días después de que el presidente Barack Obama dijera en conferencia de prensa que espera que el Congreso empiece a trabajar próximamente para aprobar una reforma migratoria.
Mi expectativa es que tengamos un proyecto de ley presentado y comencemos el proceso en el Congreso poco después de mi toma de posesión en enero, dijo Obama.
Su reelección ha reavivado las esperanzas de los 11.5 millones de indocumentados, personas como Murillo, que buscan residencia y ciudadanía.
Podemos soñar de nuevo, afirmó Murillo. Sigo teniendo fe en el presidente Obama.
La legalización de indocumentados fue uno de los temas más polarizantes durante la reciente campaña electoral. Aunque Obama no logró cumplir con su promesa de reforma migratoria durante su primer mandato, su candidatura recibió más apoyo entre los votantes hispanos que su rival republicano.
La posibilidad de que Mitt Romney hubiera derrotado a Obama agitó entre los indocumentados temores de que las autoridades pudieran limitar aún más su acceso a empleos, documentos y servicios.
Vivir en las sombras es muy difícil, dijo Carlos A. Castillo, otro hondureño indocumentado.
Tanto Castillo como Murillo fueron entrevistados en las oficinas de la Organización Hondureña Francisco Morazán, donde su presidente, Francisco Portillo, dijo que los indocumentados tienen de nuevo puestas sus esperanzas en Obama.
Durante los 16 años de lucha por la reforma migratoria, nunca había estado tan optimista como ahora después de la reelección del presidente Obama, dijo Portillo.
En su anuncio, el mandatario dijo que los líderes del Congreso ya han comenzado a discutir la forma que pudiera tomar el proyecto. Y si bien Obama no identificó a los participantes en las discusiones, el senador Chuck Schumer, demócrata por Nueva York, dijo en el programa Meet the Press de NBC, que ha tenido conversaciones con su colega republicano Lindsay Graham sobre la posible legislación . Schumer indicó que su proyecto de ley pudiera parecerse a un paquete similar que ambos senadores redactaron en el 2010.
La pieza central del proyecto presentado en ese momento era la creación de un documento de identificación nacional que serviría como prueba de que un trabajador estaba legalmente en Estados Unidos. Schumer agregó que la nueva versión también incluiría - como la anterior -un programa de legalización de los inmigrantes indocumentados presentes en el país.






























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