Sur de la Florida

Corrió a meter la cabeza

 

Especial para El Nuevo Herald

Soy argentino, tengo 27 años, y vivo acá en EEUU desde que entré al país legalmente con visa de turismo en el 2005. Soy soltero (divorciado) después de mi matrimonio con una uruguaya ciudadana americana en mayo del 2009 que en lugar de conferirme la residencia, lo cual era mi propósito, embrolló mi caso que ahora me tiene desesperado.

Nosotros preparamos la solicitud de mi residencia con la ayuda de un notario recomendado por un amigo. Enviamos los papeles a Inmigración y unos meses después, me llegó la cita para la residencia. Mis inquietudes comenzaron cuando la empleada de Inmigración nos separó para interrogatorio y, cuando me tocó a mí, me hizo muchas preguntas que yo iba contestando lo mejor que podía, aunque quizás con demasiados nervios. Al final nos volvió a juntar, nos dijo que había algunas discrepancias entre las respuestas de mi esposa y las mías, y que próximamente nos avisarían el resultado. Salí de allí bastante preocupado y el día terminó con una gran discusión y disgusto entre los dos cuando regresamos a casa.

Tres semanas después nos llegó otra carta de Inmigración, citándonos una vez más a la misma oficina para despejar las discrepancias. Lo malo es que mi entonces esposa es bastante temerosa y super-nerviosa, y los disgustos y tensiones entre nosotros habían aumentado considerablemente. Terminamos peleándonos otra vez y al final ella me dijo que no íbamos a ir, que yo ya le había causado demasiados problemas.

Pasó el día de la cita y, entre disgustados y atemorizados, no asistimos. Pocos días después, ella se marchó y se regresó a casa de sus padres. Pasaron dos semanas y recibí una carta de un abogado anunciándome que por encargo de ella había iniciado su divorcio de mi persona. (Hoy día ya estamos divorciados.) Pronto me llegó cita para la corte de Inmigración que ya tenía mi caso, por abandono, y cuando comparecí (sin abogado), yo no tenía defensa alguna y el juez terminó ordenándome deportación.

¿Qué puedo hacer?! Todos mis esfuerzos, mis estudios, y mis años de ilusiones se han ido al suelo, ya no como ni duermo bien. Mi madre quien era residente (hoy día ya es ciudadana) hizo petición por mí en el 2008 pero me han dicho que al haberme casado, la petición de mi madre murió porque los residentes sólo pueden pedir a hijos no casados.

¿Qué hago?!!

(Anónimo a solicitud), Miami

¡Triste historia! A pesar de su larga ilegalidad en el país, las esperanzas suyas de legalizar su situación, hoy día no serían tan infundadas si usted n o hubiera impudentemente metido su cabeza en la boca del lobo, léase Inmigración. Ahora mismo, la política benevolente del gobierno del Presidente Obama, activó el DREAM ACT (la Ley de los Ensueños) para jóvenes que llegaron a EEUU antes de los 16 años, ahora tienen menos de 30, siempre han tenido buena conducta moral, y han llegado al grado de high school ó su equivalente por validación. Pero usted parece no encajar en ese cuadro por su llegada tardía, y en cuanto a otras opciones tal como la “ley de los 10 años” (“cancelación de remoción”), tampoco vale para usted porque, antes de ese tiempo, ya usted mismo se había lanzado -- ¡imprudentemente! – a los nada benevolentes brazos de Inmigración... Si ahora se va (ó “lo van”) del país, le caerá encima una prohibición de 10 años para regresar. En cuanto a la petición de su madre por usted, murió cuando usted se casó, y es dudoso que se pueda recobrar..

La última duda, que usted debe decidir solamente por sí mismo, es, ¿qué hago ahora – me voy ó me quedo?! Lo lógico y lo más tranquilo es que salga de EEUU (a su país ó a donde usted quiera...), sabiendo que tras varios años, si aún le quedan ganas, volverá aquí con impecable legalidad. Lo otro es quedarse acá, confiando que no lo busquen con mucho empeño, pero sin permiso de trabajo, sin documentos de soporte, atenido solamente a la pura voluntad de Dios...

Venga a verme si desea ampliar todo lo dicho.

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

1 Herald Plaza, Miami, FL 33132

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