Un supervisor despedido de la policía de Miami Beach que dirigió el chantaje del propietario de un club nocturno por miles de dólares, fue enviado a la cárcel el martes por más de cuatro años.
Jose L. Alberto, de 42 años, fue detenido inmediatamente después que el juez federal de distrito Robert Scola lo sentenció.
Alberto fue arrestado junto con otros seis empleados de Miami Beach meses atrás, en una operación encubierta del FBI que conmocionó al Ayuntamiento. Colectivamente, la red extorsionó en $25,000 al propietario del club nocturno de Miami Beach, que avisó a las autoridades.
En agosto, Alberto se declaró culpable de conspirar para cometer extorsión. Reconoció haber aceptado personalmente 22 sobornos en efectivo, por un total de $16,600, de manos del propietario del Club Dolce y de un agente encubierto del FBI. Alberto, que fue contratado por la ciudad en 1993, ganó $122,000 con pago de horas extra en el 2011, como la segunda persona en la línea de mando de la división de supervisión de códigos del Departamento de Edificios.
Los fiscales acusaron a Alberto y sus colegas de chantajear al propietario del Club Dolce, en Ocean Drive, al exigirle que les pagara por protección para evitar multas e inspecciones de la ciudad.
En la sensacional operación encubierta, el agente secreto del FBI se hizo pasar por el gerente del club y engañó a todos mientras se festejaba con algunos de los empleados municipales.
Según una conversación de noviembre del 2011, el agente dijo a Alberto que se ocuparía de la gente para garantizar el éxito del club nocturno. Alberto respondió: Con tal de que tú no seas del FBI, o ninguno de esos c---. Nosotros cumplimos.
Alberto fue acusado junto con sus colegas de la división de códigos de Miami Beach: Willie Grant, de 56 años; Orlando González, de 33; Ramón Vasallo, de 31; y Vicente Santiesteban, de 30. Todos se han declarado culpables. Los bomberos Chai Footman, de 37 años, y Henry Bryant, de 46, ambos de Miami Beach, fueron acusados por su participación en el mismo supuesto esquema de extorsión. Ambos se han declarado culpables.
Después de aceptar unos cuantos miles de dólares para ayudar al club de South Beach a evadir violaciones de códigos y deudas de impuestos, Alberto le presentó la gerencia del club a Bryant, según el fiscal federal adjunto Jared Dwyer. Bryant conspiró para facilitar la emisión de permisos, a la vez que buscaba escoltas de la policía para negocios de cocaína, dijo Dwyer.
En un encausamiento aparte se acusó a Daniel Mack, de 48 años y agente de la policía de Miami-Dade, de ayudar a Bryant a transportar más de una docena de quilogramos de cocaína falsa, suministrada por agentes encubiertos a cambio de $25,000.
Mack y Bryant fueron acusados de conspirar para poseer y distribuir más de cinco quilogramos de cocaína.
En octubre, Bryant, Mack y Octavius McLendon, un amigo de Bryant acusado en la misma causa, fueron declarados culpables de poseer y distribuir varios quilogramos de cocaína, y de usar un arma de fuego para proteger los envíos. Unidas, las condenas importan una sentencia mínima de 15 años, y podrían dar lugar a cadena perpetua.
Bryant y McLendon también fueron condenados por dos cargos adicionales de tratar de poseer y distribuir cargamentos de droga en diciembre y en enero pasados. Mack fue absuelto del primer cargo, pero condenado por el último.
El desafío encarado por los fiscales durante el proceso consistió en demostrar que los tres acusados creían que estaban distribuyendo cocaína real. Los cargos incluían dos cargamentos de cocaína falsa, que totalizaban 19 quilogramos.
Los acusados recibieron en pago $25,000 de manos del agente encubierto del FBI en el Club Dolce, para transportar las drogas falsas de Miami Beach a Aventura.
Los arrestos conmocionaron a los funcionarios de Miami Beach, a pesar de que las acusaciones documentadas por el agente especial del FBI, Matthew Fowler, en las imputaciones penales, daban a entender que los empleados habían estado recibiendo sobornos o transportando drogas durante años, en un esquema impresionantemente similar a casos anteriores de corrupción en la Playa.
Alberto comenzó a trabajar para Miami Beach como asistente de parques y recreaciones, solicitó convertirse en agente de supervisión de códigos en 1996, y en el momento en que fue arrestado era el administrador principal de la división de códigos.




























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