Soy cubana, estudiante universitaria, vine a este país cuando tenía 5 años y ahora tengo 21. No recordaba mucho a mi familia de Cuba, pero en los últimos 6 años he ido tres veces a Santa Clara.
Allí conocí a mi primo mayor, a quien apenas recordaba, y nos hemos hecho novios en contra de la voluntad de mis padres, que no aceptan nuestra relación. Apenas podemos comunicarnos. El es mi primer novio, tiene 22 años, estudia en la Universidad Central de Las Villas, y estamos decididos a casarnos. Yo les he dicho a mis padres que no continuaré estudiando y que me iré para Cuba si ellos no cambian de actitud.
Ultimamente, los veo diferentes y parece que me van a apoyar, pues yo sé que no pueden vivir sin mí, como tampoco yo puedo vivir sin ellos. Ellos siempre han sido muy buenos padres, son profesionales y tienen buenos trabajos. A mi me dicen algunos padres de mis amigos cubanos que saben si el hecho de ser primos podría dificultar el trámite de reclamación. Otros me dicen que mienta y no mencione nuestro parentesco, pero a mí no me gusta mentir.
Estoy muy confundida y, en el fondo, no quisiera tener que irme a Cuba y abandonar a mis padres del alma, aunque lo haría si no hay otra solución.
Por favor, necesito su opinión. Se lo voy a agradecer con el corazón. Muchas gracias,
Lucía Chorens
Jersey City, Nueva Jersey
Como abogado de inmigración, primero que todo debo felicitarla calurosamente por tres razones: (1) usted no quiere mentir (¡aplausos!), que es lo peor que hay tanto desde el punto de vista moral como del práctico; (2) la mentira sería una carga permanente en el alma de una joven tan valiosa como lo revela su carta, y (3) mentir es lo más peligroso que puede hacerse en el ámbito de la inmigración. El riesgo que usted asumiría es desastroso si, como sucede con la máxima frecuencia, hoy, mañana, u otro día, la verdad sale a la luz, muchas veces con consecuencias trágicas e irremediables.
La opinión de mi esposa, capacitada asistente mía en todas estas cosas que escribo y contesto, es que ella, como madre, no le recomendaría que desobedezca a sus padres, porque se va a arrepentir – pero, dice ella misma, esto es como tratar de detener la fuerza del mar que besa la playa. El amor es bello, pero también es locura, ceguera, sordera, y demás estupefacientes, con hojas ó sin ellas... Basta con mirar a un ex Presidente Clinton, a un héroe militar como un el General Petraeus, ó (2,000 años atrás) a un histórico Marco Antonio con una Cleopatra, quienes por amor ó enamoramiento estremecieron el planeta. (Por razones de protección genética, el matrimonio entre primos está prohibido en ciertos estados de EEUU, aunque en Nueva Jersey, igual que en Florida, no rige esta prohibición). Dicho todo lo anterior, el problema que usted me plantea, no es inmigratorio, ni aun simplemente legal, sino un asunto de ambivalente decisión personal donde ambas alternativas -- un “sí” ó un “no”-- ¡son válidas!
En consecuencia, ¡ nadie la puede aconsejar! Sus padres tendrán razones de peso (las nombradas u otras) para oponerse, y usted, con su mayoría de edad (usted no tiene 14, ni 16, ni 18 años, de edad) ¡sino 21! Por lo tanto, su decisión es completamente suya, y será sólo usted misma quien forjará su destino optando por la una ó por la otra. En general, el matrimonio es una opción impredecible– en EEUU de hoy (¡triste estadística!) el 50 por ciento (!!!) de los matrimonios terminan extinguiéndose por divorcio. Es como deshojar margaritas -- sí, no, sí, no, si, no...
Mi función como abogado es dar respuestas razonables. Nada de lo que yo pudiera aconsejarle al respecto sería racional o razonable. De ahí que le ruego que acepte mis disculpas por no emitir opinión alguna. Lo único que le ofrezco de corazón es ayudarla con los trámites (si los necesitara) con integridad y confianza.
Gracias por escribirme y... ¡le deseo lo mejor!
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
1 Herald Plaza, Miami, FL 33132




























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