Hambruna azota Haití tras paso de Sandy

 

NYT

Una mujer que perdió casi todo ahora da de comer café a sus hijos, porque les tranquiliza un poco el estómago. Otra madre abatida revive el terrible momento en el que una riada le arrebató de los brazos a su bebé de 18 meses de edad. Todavía están en la morgue los cuerpos de una familia de cinco que murieron por un deslave porque nadie los ha reclamado.

Los haitianos – que conocen bien a la muerte y la desesperación que pueden causar los desastres naturales – sufrieron en extremo a causa del huracán Sandy, que golpeó las zonas rurales del país y mató a por lo menos 54 personas.

Tres semanas después de las inundaciones causadas por el huracán, Haití, que todavía batalla para recuperarse del terremoto de enero del 2010, enfrenta el mayor golpe a la reconstrucción y se desliza más profundamente en una crisis, dicen funcionarios gubernamentales y de Naciones Unidas, con cientos de miles de personas en riesgo de inanición o desnutrición.

Alrededor de esta ranchería y otras cercanas, el hombre y la mujer que cultivaban bananas, plátanos machos, caña de azúcar, frijoles y árbol del pan, miran fijamente las parcelas con árboles arrasados, todavía inundadas o cubiertas con mugre del río, la cual probablemente matará cualquier planta que haya quedado. Tenían poco, han aguantado mucho y ahora necesitan más. Endurecidos por desastres anteriores, todavía temen los días y las semanas por venir. “No sé dónde vamos a encontrar ahora el dinero para comida y escuelas”, dijo Olibrun Hilaire, de 61 años, estudiando su granja de plátanos y caña de azúcar, destruida, en Petit- Goave, con la que mantiene a su familia de 10 hijos y nietos.

Como si el terremoto no hubiese sido suficiente, Haití ahora sufre una avalancha combinada de tormentas y, antes de ellas, sequía, que hizo peligrar su reserva de alimentos, causando pérdidas agrícolas por $254 millones y dejando a 1.6 millones de personas – cerca de 16 por ciento de la población – en graves apuros.

En agosto, la tormenta tropical Isaac destruyó granjas en el norte, precedida por una sequía primaveral que las devastó. Luego, llegó el huracán Sandy, que pasó al oeste de La Española, sobre Jamaica, pero era lo suficientemente grande como para lanzar 20 pulgadas de lluvia sobre el sur de Haití.

La semana pasada, conforme el gobierno y Naciones Unidas evaluaron la situación de la tormenta y lidiaban con inundaciones en el norte, causadas por chaparrones recientes que dejaron 10 muertos, emitieron una petición de urgencia de 39 millones de dólares en ayuda humanitaria a un mundo cansado de sus desastres recurrentes. Funcionarios de Naciones Unidas dijeron que recibieron promesas de unos ocho millones de dólares, y el gobierno haitiano dijo que está en pláticas con donadores para recaudar al menos la mitad de la cantidad solicitada. “Es un gran golpe para los esfuerzos de reconstrucción, que hace que la vida sea aún más precaria para la mayoría de los haitianos vulnerables”, dijo Nigel, Fisher, el coordinador de ayuda humanitaria de Naciones Unidas en Haití. “La capacidad de respuesta de los socios internacionales ha sido reducida debido al menguante apoyo de los donadores”, agregó.

Las tormentas recientes han dañado o destruido 61 centros de tratamiento contra el cólera, lo que ha llevado a temores de que pueda haber brotes nuevos de una epidemia que ha matado a más de 7,500 personas desde el 2010.

El extraño ataque de la tormenta directo sobre el área metropolitana de Nueva York fue devastador, pero la congoja en Haití, también es desgarradora y la recuperación está a años de distancia, si es que sucede alguna vez.

Los habitantes de Petit-Goave, todos víctimas del terremoto, que se asentaron en platanares junto al río, nadaron y treparon las carpas y tumbas de un cementerio cercano para escapar de la crecida. Sin embargo, a Marie Helene Aristil se le soltó de la mano su hijita Juliana, cuyo cuerpo sin vida se encontró a una milla de distancia.

“Me debió llevar a mí también”, dijo bajito Aristil, de 25 años.

Jacqueline Sataille y sus cuatro hijos ignoraron las advertencias para evacuar su casucha en una ladera en Grand Goave, cerca de esta población, porque no querían dejar atrás sus posesiones, dijeron amistades. Sataille y los niños, entre tres y 18 años, murieron cuando una sección de la montaña, despojada de árboles, los enterró.

Una amiga, Dornelia Raton, quien perdió sus cosechas de maíz y frijol, y recurrió a alimentar a sus hijos sólo con café durante el día, dijo que nadie ha reclamado los cadáveres para un funeral.

Miró al cielo, tarareando una canción evangélica en creole con el estribillo: “Jesús, esta es mi carga, ayúdame, por favor”, en respuesta a preguntas sobre cómo se las arreglaría con los alimentos, así como las semillas, los fertilizantes y otros materiales para volver a sembrar sus cultivos.

En gran parte, el huracán apuntó contra la agricultura, un cuarto de la economía de Haití. Después del terremoto del 2010, hubo promesas, que no se cumplieron del todo, de revitalización: cosas como nuevos canales y acequias para irrigación, dragado del río y reforestación.

Aunque funcionarios gubernamentales han responsabilizado al incumplimiento de promesas de ayuda, donadores internacionales culpan a la incertidumbre política por la falta de avances. El presidente Michel Martelly va en el segundo primer ministro en un año y medio en la presidencia, en medio de pleitos con el Parlamento.

“Los donadores no contribuyen si no hay gobierno”, dijo Myrta Kaulard, la directora del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas en el país, uno de los organismos que está buscando ayuda para que 20,000 familias logren pasar el invierno.

El gobierno estima que se requerirán $1,500 millones para modernizar la agricultura nacional y revertir décadas de políticas mal concebidas – incluida la dependencia en arroz estadounidense y aves dominicanas baratos y subsidiados – que han provocado que Haití importe más de la mitad de sus alimentos.

La agricultura nunca ha sido fácil en Haití, a pesar de las tierras ricas, la lluvia regular y el sol excesivamente abrasador. Hay poca irrigación para controlar el agua, los caminos están tan desgastados que los productos perecederos se echan a perder o se dañan antes de llegar a los mercados urbanos, y una buena cosecha podría rendir cerca de $1,000 por el año.

Diversas iniciativas han producido resultados modestos en la mejoría de la producción y la eficiencia en la agricultura, de la que depende 60 por ciento de los haitianos, en su mayor parte aparceros en pequeñas parcelas, para alimentar a sus familias. Sin embargo, un informe del mes pasado de Oxfam, un organismo internacional de ayuda, dice que no hay una estrategia coordinada para prevenir crisis y negligencia generalizadas.

“El gobierno y la comunidad internacional deben enfatizar aún más políticas agropecuarias coherentes para revitalizar la producción y crear valor para ayudar a los haitianos a recuperarse y mejorar sus condiciones de vida”, dijo Oxfam.

El primer ministro Laurent Lamothe dijo en una entrevista este mes que el gobierno se centraría más en objetivos más inmediatos, como el drenado del lecho de los ríos y la reparación de los puentes y caminos, y menos en “grandes estudios” que nunca parecen llevar a ninguna parte.

“Contamos con medios limitados y la devastación es enorme”, dijo, con aspecto cansado, tras recibir fotografías de inundaciones y bajas recientes. “Vamos a usar esta tragedia para invertir en la prevención”.

El gobierno, dijo Lamothe, estaba trabajando en planes para proporcionar a los campesinos asistencia en dinero en efectivo y semillas, y utilizar productos cultivados localmente para kits de alimentos de emergencia, a fin de apoyar a las granjas que todavía pueden producir.

Las dificultades económicas en el campo podrían debilitar el objetivo gubernamental de detener la migración hacia las grandes y atiborradas ciudades, como Puerto Príncipe, donde un grave hacinamiento contribuyó a la alta cantidad de bajas en el terremoto.

“Somos un Estado frágil y sólo podemos hacer aquello para lo que tenemos recursos financieros”, dijo Lamothe.

Sin embargo, se está acabando la paciencia. Ha habido manifestaciones en comunidades rurales para demandar más ayuda gubernamental,

En Fauché, una palabra que puede significar no tener ni un centavo o una guadaña, campesinos bloquearon este mes la principal carretera costera para protestar durante un par de horas, después de que se agotó rápidamente la ayuda que se distribuyó y nunca llegó el socorro que se había prometido.

La devastación fue pronunciada, con árboles a los que el viento partió a la mitad y el agua destruyó a su paso los huertos de bananas y plátanos. Un hombre de 30 años estaba desaparecido, y se presumía que el agua lo arrastró al mar, dijeron habitantes.

Varios de ellos culparon a las cimas deforestadas – se cortaron los árboles para hacer carbón para vender – de la avalancha de agua. Sonaron escépticos en cuanto a que se haga gran cosa y saben por experiencias pasadas en inundaciones que pasarán años para que la tierra buena se recupere naturalmente del cieno que la cubre.

Brunel Casimir perdió parte de su cosecha de plátano después de la tormenta tropical Isaac, pero había salvado algunos retoños y los volvió a sembrar sólo para ver que el huracán Sandy arrasó con lo que quedaba. Los precios de los alimentos en los mercados a la vera del camino se duplicaron este año; los $20 semanales que hoy cuesta alimentar a su familia de ocho están fuera de su alcance.

“Le rezo a Dios por las noches”, dijo, “y le pregunto: ¿qué puedo hacer?”.

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