El Día de Acción de Gracias es realmente un día especial en los Estados Unidos de América. Es el día en que todos detienen sus agitadas agendas, sin importar criterios de índole alguna, para dar gracias a Dios, y yo quiero expresar mi agradecimiento a través de esta columna; aunque ya la fecha señalada para el evento haya quedado atrás.
Aquellos que hayan visto su libertad y sus derechos ciudadanos suprimidos, condicionados o coartados, en algún momento de sus vidas, comprenderán el por qué doy gracias a Dios por vivir en un país libre y gozar ampliamente de un “Estado de Derecho Ciudadano.”
Los que hayan perdido el sueño al comprender que el horizonte para el futuro personal y para el de sus hijos, se estrechaba cada vez más, en el lugar mismo que los viera nacer, entenderán mi gratitud a Dios y a este gran país, por habernos acogido en su seno y permitirnos seguir adelante en nuestro empeño por trazarnos un futuro mejor.
Los que hayan sido perseguidos, discriminados o simplemente desdeñados en su país de origen, por sus principios, ideales o creencias, sabrán el por qué agradezco a Dios y a este país, el tener el privilegio y el derecho a expresarme libremente y reunirme con quien quiera, donde así lo desee y para tratar el tema que se me antoje.
Quienes cuenten con una familia unida y amorosa, donde estén al pendiente los unos de los otros; para hacer mediante la unión la vida más llevadera, armoniosa y agradable para todos, se verán reflejados en mi agradecimiento a Dios, por esta bendición.
Quienes cuenten con amigos con los cuales sea posible departir, intercambiar ideas, diferir en opiniones y criterios, confiar problemas, y compartir momentos de asueto, se unirán a mí en mi eterno agradecimiento a Dios por el regalo recibido.
Los que cuenten con un techo bajo el cual cobijar a su familia, en estos momentos en que el mercado inmobiliario da muestras de una vigorosa recuperación y los precios de las propiedades comienzan a elevarse nuevamente, deben dar gracias a Dios así como lo hago yo.
Aquellos que se consideren con la capacidad necesaria para orientar a sus semejantes y cuenten con la posibilidad de tener un vehículo para hacerlo deben, conjuntamente conmigo, agradecer a Dios por tener el privilegio de servir al prójimo.
Concluyendo: Para los que gocen de buena salud o para aquellos que la hayan perdido temporalmente y tengan la esperanza de recuperar la misma en un futuro no lejano, les pido me acompañen a dar gracias a Dios, por el simple y sencillo hecho de estar vivos y así poder manifestarlo.
. J. A. “Tony” Ruano es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra, venta y administración’’. tony@ruanobrokers.com


























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