Santiago de Chile -- El “boom” latinoamericano “significó poco” para el escritor chileno Jorge Edwards, porque recuerda, en esa época estaba “metido en la diplomacia profesional”.
Cuando se cumple el cincuenta aniversario del surgimiento de esta tendencia literaria, Edwards, Premio Cervantes 1999, explica que su trabajo le impedía “asistir a las mesas redondas, a las conferencias, a los encuentros” y le obligaba a escribir “muy temprano” y de “forma bastante solitaria”.
Pese a su amistad con Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar y Carlos Fuentes, entre otras figuras del “boom”, no fue sino hasta 1973, tras la publicación de Persona non grata, una de sus obras más conocidas y que surgió tras ser expulsado por el régimen de Fidel Castro en 1971, cuando empezó “a salir” de su soledad literaria.
Entonces le “hicieron entrevistas” y fue “conocido como escritor”, en un momento en el que el “boom”, rememora, “ya pasaba”.
Jorge Edwards (1931), que considera que este movimiento literario permitió resucitar la literatura latinoamericana, que estaba “enterrada”, destaca en ese contexto su amistad con uno de sus miembros más destacados, el mexicano Carlos Fuentes.
“A raíz de mi libro sobre Cuba nuestras relaciones se enfriaron. No digo que se deterioraron totalmente, pero sí (surgió) una distancia. No tanto por el tema cubano, sino porque yo describo (en Persona non Grata) un Año Nuevo en su casa en que el ambiente era muy frívolo”, precisa.
Según el escritor chileno, a Fuentes, fallecido en mayo pasado, esto no le gustó y no fue sino hasta hace poco que se reconciliaron.
“Siempre tuve afecto y admiración por él a pesar de nuestra pelea. Creo que se reanudó la relación con mucha naturalidad”, manifestó Edwards en su casa en el centro de Santiago.
Con sus “manías de viejo”, como un cuaderno de dibujos con tinta negra, el autor de Los convidados de piedra o El peso de la noche continúa escribiendo “sin temores” y dándole mucha importancia a la primera frase de sus relatos, que generalmente “determina el resto de la escritura”.
Su última aventura ha sido el primer tomo de sus memorias, Los Círculos Morados, sobre su infancia, adolescencia y recuerdos de “antes de nacer”.
“Es un género que perturba a cierta gente, que a veces saca a flote cosas delicadas”, apunta el escritor, que hace unos días reveló que cuando niño sufrió abusos sexuales en un colegio jesuita.
Edwards, actual embajador chileno en Francia, aprovechó la distancia y las madrugadas “en un París silencioso, medio fantasmal”, para adentrarse en su pasado.
“Yo creo que ese libro no lo podría haber hecho aquí (…). Me pareció interesante reflotar una ciudad desaparecida, como tema literario, poético, de la memoria, de la sociedad. Reflotar un Santiago desaparecido”, reflexiona el literato, que además está terminando una novela sobre una ciudadana chilena que participó en la Resistencia francesa.






























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