Artes y Letras

César Beltrán, el nuevo exilio del provocador

 

Especial / El Nuevo Herald

Durante la inauguración en Farside Gallery, el expositor se desplomó, fulminado por una “sirimba”, y hubo que llamar al Rescue. Algunos pensaron –en tiempos dominados por el simulacro como los ha definido Vargas Llosa– que se trataba de una suerte de show montado para llamar la atención. Lo cual resultaba perfectamente admisible viniendo de un personaje controvertido a quien Néstor Díaz de Villegas –escritor serio y poeta con mayúscula– definía hace poco como: “…pintor, muelero” […] “marginado, rechazado, desamparado, impresentable, mitómano: un iconoclasta creador de íconos”. Otros asistentes se explicaron el desfallecimiento y la retirada en ambulancia suponiendo un nuevo ataque de extremistas políticos miamenses, aunque más tarde se comprobó que se trataba de una genuina enfermedad, y nunca del envenenamiento de César Beltrán (La Habana,1960), creador que 10 años atrás fue víctima de un atentado.

Lo que sucedió entonces con El centenario, título de la serie presentada por César en galería Maxoly, en la Saguesera, el 26 de abril del 2002 –previo a la celebración del 20 de mayo, Centenario de la República de Cuba–, que incluía imágenes de los gemelos Patricio y Antonio de La Guardia, de Camilo Cienfuegos y la silueta de Fidel, fue que estos cuadros sirvieron de tiro al blanco a un espíritu intransigente que con nocturnidad y alevosía, disparó tres veces su revolver contra las vidrieras de la galería, a través de las cuales se dejaban ver aquellos fastidiosos símbolos, sin molestarse si quiera en atender a la interpretación crítica de los mismos que proponía su autor. Los tiros estuvieron precedidos por protestas de la organización Vigilia Mambisa. Entonces Olga Connor presentó en estas mismas páginas el artículo El incomprendido César Beltrán, donde la escritora lo cita definiendo su trabajo: “es pop art, heredero directo de todo el pop art cubano de los años 60. Me relaciono más con Aldo Menéndez, y soy heredero de Raúl Martínez y de René Azcuy, aunque soy netamente de la generación de los años 80”. Aquella exposición de César ni siquiera llegó a la fecha que homenajeaba, desmontándose a toda prisa antes del 20 de mayo.

El escenario que acoge su actual muestra Unwelcome, es bien distinto al de la Saguesera. Sino es día de inauguración, lo primero que verá el visitante será un dispensario de ortodoncia, en un chalet contiguo al que ocupa la galería –espacio pequeño, proyecto ambicioso.

Todo tiene una explicación. Quien ha consagrado este lugar al arte por cerca de una década, es el conocido ortodoncista Arturo Mosquera, que junto con su colega y esposa Liza Mosquera, se han convertido además en poseedores de una de las más amplias colecciones de plástica que se haya reunido en esta ciudad. Pareja de incansables patrocinadores de las artes visuales.

Me reciben tres acrílicos sobre tela y una suerte de mosaico con 50 dibujos sobre papel, que se dividen del resto, tipo “descarga”, que estimo un desahogo formal, después de cierto encerramiento depresivo del autor durante el 2011, quien lo califica de: “Período especial por el que he pasado, debido a circunstancias personales”. El mensaje de César a través de la emblemática que maneja aquí, ha cambiado. El mosaico de dibujos y un retrato de Chano Pozo se alejan de sus manipulaciones crítico-sociales de antaño que a veces atrajeron hostilidad y hoy únicamente movilizarían en su contra a la “Liga de la Moralidad”. Mientras, por su lado, las dos principales piezas a la entrada, pinturas de irreprochables diseños y fantasiosas historias, intentan igual, ensamblar un discurso menos comprometido con el presente, pero más textual; al parecer no desea dejar lugar a dudas, ni margen al mal entendido, que pueda atraer balas reales de fanáticos. Creo que el artista ha renunciado a ser nuestro Repin de Homestead –actual residencia de César. Iliá Repin (1844-1930) pintor realista ruso, cuyo cuadro La muerte del Zarévich (heredero asesinado por su padre Iván El Terrible), suscita tal contrariedad, que durante un último atentado, la tela fue completamente apuñalada.

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El Nuevo Herald

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