Antonio y Gelasia Cao se enamoraron en una dulcería en Cuba hace más de 50 años.
Desde entonces ya colgaron sus delantales, pero no sin formar una familia, así como un legado para el sur de la Florida: Vicky Bakery.
Este año marca el icónico 40 aniversario de la dulcería de pastelitos de guayaba y queso hechos a mano, croquetas de jamón y tortas coronadas por un suave merengue.
Vicky Bakery comenzó con una sola localidad. Ahora, tres generaciones de los Cao administran 11 dulcerías en los condados de Miami-Dade y Broward. Las tres localidades insignias están en Hialeah.
Ellos tienen comida cubana tradicional, y yo he crecido con ella, dijo Johan Pérez, de 35 años, antes de ordenar dos cajas de pastelitos para traerlos a una comida en la oficina.
Todo empezó con una pastelería en Cárdenas, Cuba. Antonio era chef pastelero; Gelasia era cajera.
Cuando la vi, me enamoré. Pero ella nunca me prestó atención, dijo Antoio. Estaba loco porque me notara.
Tomó tres años, pero Gelasia se dio finalmente cuenta las notas de amor que Antonio le dejaba todos los días ayudaron. Ambos fueron novios durante meses antes de casarse en 1961.
Vinieron a Estados Unidos en 1968 con dos niños (después tendrían dos más). Antonio tenía tres trabajos en dulcerías locales y cantinas, mientras que Gelasia hacía productos de piel. En un año habían reunido suficiente dinero para comprar su primera dulcería.
Se llamaba Mercedes Bakery y estaba en frente de la Escuela Secundaria Miami Jackson. El negocio despegó gracias, en parte, a una torta robada. Los estudiantes que almorzaban se llevaron la torta para 100 personas antes de que la pareja pudiera entregarla.
Pero eso fue bueno, pues los bandidos se deshicieron en elogios a los que hornearon la exquisita torta.
Así fue como empezó. Las madres vinieron todas, dijo Gelasia.
Pero pronto la dulcería se quemó. Los Cao pusieron otra dulcería en la famosa Calle 49 del Este de Hialeah, pero no les fue tan bien y la cerraron.
Entonces, en 1972, Vicky Bakery se puso a la venta.
Los dueños querían separarse y venderla, dijo Gelasia. Pasamos por allí y a mi esposo le gustó el lugar. Era muy pequeño, pero comenzábamos, y para nosotros en ese momento, era bueno.
El nombre se quedó, a pesar de que no había una Vicky en la familia al menos hasta que llegó su nieta, y le dieron el nombre de la tienda. Antonio comenzó a hacer una vez más sus pastelitos, usando una bien guardada receta que aprendió en Cuba.
Comencé a hacer pasteles aquí de la forma que los hacía en Cuba, y tuvieron un éxito increíble, dijo Antonio. Hasta el día de hoy no hemos cambiado la receta. Y continúa siendo uno de los mejores pasteles que mis clientes dicen que han comido.
Los niños Cao crecieron todos en la pastelería. Trapeaban los pisos, raspaban las cazuelas y preparaban los pastelitos en un horno caliente al amanecer.
Pedro Cao dice que nunca tuvo una reacción hostil de sus amigos por ser un pastelero.
Recuerdo que cuando era un niño, jugaba béisbol, y cuando iba a batear ellos me llamaban pastelito, dijo Pedro. Pero era algo agradable, porque a ellos realmente les gustaban los pastelitos y todo el mundo se enteró que estábamos en Hialeah.





























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