Dicen que el tiempo todo lo cura, pero tendrán que pasar muchos años y victorias para que la relación entre los Marlins y los fanáticos del sur de la Florida se restablezca a niveles normales, después del megacanje que envió a Toronto a varios de los mejores peloteros de la franquicia a cambio de un puñado de prospectos y un solo jugador establecido, el cubano Yunel Escobar.
Eso quedó bien claro en una encuesta realizada entre el 18 y el 20 de noviembre por la firma Bendixen & Amandi International para The Miami Herald y El Nuevo Herald, en la cual se tomaron en cuenta opiniones de 400 personas que en su inmensa mayoría mostraron un desacuerdo total con la forma de conducirse de una organización que ha terminado en el sótano de su división por dos años consecutivos.
Con un margen de error de cinco puntos porcentuales, la encuesta en la cual un 89 por ciento admitió ser aficionado del equipo y el ciento por ciento de las Mayores revela la diferencia existente entre la visión que existe de los jugadores y el alto mando, pues si bien la caída de seguidores luego del pacto no fue tan sostenida y sólo un 10 por ciento admitió que no seguirá más al conjunto, la percepción sobre los jerarcas de la novena no podría ser más negativa.
Esto se acentúa más entre los llamados súper fanáticos, aquellos que continúan apoyando al club después del acuerdo con Toronto y que asistieron al parque en La Pequeña Habana para presenciar partidos en la recién concluida temporada. El 83 por ciento de este tipo de aficionados tiene una opinión desfavorable del propietario Jeffrey Loria, mientras que su segundo al mando, el presidente David Samson, es mal visto por el 60 por ciento.
Sobre el caso de Loria, Fernand Amandi, socio ejecutivo de Bendixen & Amandi International, afirmó que es mejor que la aceptación que tiene Fidel Castro, pero es muy raro ver a una figura pública con un número tan bajo en aceptación. Hoy no es mucha la distancia entre Loria y Castro. Loria es claramente la figura más impopular en el sur de la Florida hoy, exceptuando a Castro.
Para poner en contexto la comparación, el dictador apenas rebasa el uno por ciento de aceptación dentro de la comunidad cubana de la región.
Entre las opiniones recogidas por la encuesta, a Loria se le tilda de sanguijuela, tacaño, aprovechado y muchas cosas más de corte expresamente negativo. Pero Samson tampoco sale muy bien parado y hasta llegan a llamarlo Napoléon de bolsillo de su jefe.
Tanto Loria como Samson son los ingenieros del canje que envió a los Azulejos a peloteros hechos y probados como Josh Johnson, Mark Buerhle, José Reyes y Emilio Bonifacio, lo cual en el papel priva a los Marlins de cualquier atisbo de competitividad en una División Este repleta de equipos superiores, como los Bravos de Atlanta, los Nacionales de Washington y los Filis de Filadelfia.
Recientemente, Buerhle, quien vino desde los Medias Blancas de Chicago tras los pasos del defenestrado mánager Ozzie Guillén quien empezó todo mal con sus declaraciones sobre su amor a Castro a la revista Time, envió un comunicado a los medios de prensa donde explica que los Marlins le mintieron repetidamente sobre sus objetivos de construir una novena con mentalidad ganadora por mucho tiempo, sobre todo luego de la edificación del nuevo parque.



































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