En los nueve años después que su esposo la dejó a ella y a su hija, Carmen Debesa ha tenido que luchar con un trabajo a tiempo completo en un restaurante de comida rápida y un vale estatal que recibe para la educación para su hija, Carolina, quien asiste a un programa especial para jóvenes adultos con discapacidades.
Pero la frágil estabilidad de la familia podría pronto colapsar.
En enero próximo, las horas de Debesa en Pollo Tropical en Sunny Isles Beach podrían reducirse de 40 a 28. Y en mayo, Carolina, de 22, estará pasada de edad para la Beca McKay que ha financiado su educación en la Academia de Aprendizaje Transicional en United Cerebral Palsy de Miami, una organización sin fines de lucro que ayuda a las personas con discapacidades.
Debesa, de 53 años, no tuvo dinero para la cena de Thanksgiving ni tiene para un árbol de Navidad mucho menos para pagar por el cuidado de su hija una vez que Carolina, quien es autista y padece retardo mental, se gradúe de la academia.
Vivo tan preocupada con lo que le va a pasar, dijo Debesa entre sollosos.
Carolina también nació con el síndrome de Beckwith-Wiedemann, dijo su madre, una condición que, entre otras cosas, causa un alargamiento del tamaño del cuerpo. Aunque Carolina es una adulta, requiere cuidados como si fuera una menor, de acuerdo con Debesa, quien la llama amorosamente mi niñita.
Carolina se encuentra en una lista estatal de espera de años para una dispensa de pago suministrada por Medicaid que la ayudaría a financiar su cuidado después que se gradúe. Sin la dispensa, Debesa tendría que pagar de su bolsillo por el cuidado de Carolina, cosa a la que no puede hacerle frente.
Carolina tiene problemas para hablar. Necesita ayuda para bañarse y vestirse. Después de la escuela, un servicio especial de transporte para personas con discapacidades lleva a Carolina al Pollo Tropical donde trabaja Debesa. Carolina se sienta en el restaurante y dibuja libros de colorear durante media hora mientras Debesa termina su turno.
Debesa trabaja los sábados para estar libre los viernes y llevar a Carolina a las citas médicas, particularmente las que tratan sus numerosas alergias. Su pequeño apartamento de un dormitorio, en un viejo complejo de dos pisos opacado por los brillantes condominios en el downtown de Miami, está inmaculado, porque Debesa siempre lo está limpiando, por el bien de Carolina. Los domingos, ellas lavan la ropa y van a la iglesia.
Debesa, quien es originalmente de la República Dominicana, conoció a su esposo en Santo Domingo, donde ella dice que trabajaba como una abogada para una compañía de seguros. Ellos se mudaron a EEUU y se casaron. El matrimonio duró 18 años, hasta que Carolina tenía unos 14.
Después del divorcio, la pareja vendió su casa en West Kendall. El auto de Debesa se lo llevaron. Su ex esposo, dijo Debesa, no ha pagado nunca la pensión alimenticia de la niña.
Debesa, que no trabajaba cuando estaba casada para poder cuidar a su hija, encontró un empleo, se mudó al downtown, compró un auto y, viendo que Carolina probablemente no tendría éxito en la Enseñanza Secundaria, eventualmente la inscribió en United Cerebral Palsy. Sherri Kelly, coordinadora de servicios sociales en la organización sin fines de lucro, nominó a Carolina para el Wish Book de The Miami Herald.



























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