Paul Andrade era el heladero del barrio y manejaba un camión blanco que tocaba música de carrusel por el área oeste de Hollywood, por lo general acompañado de su hija de 6 años, Amira.
Andrade, de 30 años, era un padre cariñoso, dijeron los vecinos, y Amira era una niñita gregaria y algo precoz de cabellos castaño claro, a quien le gustaba jugar con perros y llevar maquillaje en su cartera.
Andrade, un inmigrante ecuatoriano enrolado en cursos de educación para adultos en el Centro Técnico McFatter de Davie, parecía tener planes de dedicarse a reparar aparatos de aire acondicionado.
Ese futuro llegó a un fin trágico el jueves por la mañana en Davie junto a la vivienda de la ex esposa de Andrade, Vicky Paredes, donde los vecinos lo encontraron a él, a su hija Amira y al perro de la familia muertos dentro de un Nissan Quest azul, víctimas de un aparente asesinato-suicidio cometido por Andrade, dijo la policía.
Andrade dejó una nota de suicidio, dijo el capitán de la policía de Davie, Dale Engle, aunque no quiso divulgar lo que decía ni dónde fue encontrada.
Dijo que se sospecha que Andrade adosó una manguera al tubo de escape del vehículo, y luego puso la manguera dentro del van, donde estaban él, su hija y su perro.
Los tres parecen haber muerto por envenenamiento con monóxido de carbono, aunque la causa oficial de la muerte está siendo investigada todavía por la Oficina del Médico Forense del Condado Broward.
Engle dijo que Andrade y Paredes se divorciaron hace alrededor de un año, y que él parecía angustiado por el fracaso de su matrimonio.
Al padre le disgustó que la madre se volvió a casar hace poco, dijo Engle.
Andrade tenía derecho a visitas de rutina de Amira, y la niña se quedó a dormir el miércoles con su padre en Hollywood, añadió Engle.
En algún momento antes de la mañana del jueves, Andrade condujo su van a casa de Paredes en la cuadra de los 3700 de NW 74 Avenue en Davie con su hija y su perro. Se estacionó frente al apartamento de Paredes, que hace esquina.
Insertó la manguera en la ventanilla trasera del van, sujetó el otro extremo al tubo de escape y se mató a sí mismo, a su hija y a su perro, dijo Engle.
Una vecina que llegó a la escena de los hechos antes que la policía dijo que las ventanillas del van habían sido selladas con cinta para aparatos de aire acondicionado.
Leila Lacharite, de 33 años, dijo que ella estaba paseando a su perro a eso de las 6:30 a.m. cuando escuchó gritos. Siguió la dirección de los gritos y se encontró a una mujer desesperada abrazando a una niña pequeña vestida con un pijama rosado. Dos estudiantes de secundaria estaban de pie cerca de ellos.
Lacharite, asistente de enfermería certificada, dijo que tomó el pulso a la niña pero no sintió nada. También le dio CPR.
Me di cuenta de que no había nada que hacer cuando traté de abrirle la mandíbula y noté que ya estaba poniéndose rígida, dijo Lacharite. Hice todo lo que me enseñaron que hiciera. Ella llevaba muerta dos o tres horas. No tenía laceraciones de ningún tipo. Parecía estar en paz.
Dijo que vio también a Andrade dentro del van, y una manguera flexible de color metálico sujeta con cinta adhesiva a la ventanilla trasera y adosada al tubo de escape.
El usó cinta adhesiva para sellar la ventanilla, de modo que no se escapara aire por las rendijas, dijo Lacharite.
La policía recibió una llamada de emergencia a eso de las 6:30 a.m. de dos estudiantes que pasaban por allí y vieron la manguera metálica adosada al van.
Ellos alertaron a un vecino, dijo Engle.
Cuando llegó la policía, ya habían sacado a la niña del van. Los agentes encontraron a Paredes con Amira en sus brazos, acunándola y llorando.
La madre angustiada fue llevada luego a un hospital local y permanecía bajo los efectos de tranquilizantes en la noche del jueves.
Los paramédicos trataron sin resultado de resucitar a la niña, dijo Engle.
Los reporteros de The Miami Herald Carli Teproff y Christina Veiga contribuyeron al reporte.






























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