Con las primeras nieves de diciembre, los típicos mercaditos de Navidad abren sus puertas en un buen número de ciudades europeas. Además de encontrar dulces típicos, juguetes artesanales o adornos navideños, en ellos el viajero puede disfrutar de la delicia de pasear por escenarios de cuento.
Un vaso de vino caliente especiado para combatir los rigores del invierno, la mochila cargada de curiosidad y los ojos bien abiertos, son los elementos clave para pasar un rato agradable entre los puestos de los mercadillos navideños europeos .
Alemania es la cuna de esta tradición y los mercados de este tipo abundan por todo el país. Colonia, Múnich o Berlín cuentan con mercaditos de gran encanto, pero el de Núremberg es uno de los más famosos de todo el continente (www.christkindlesmarkt.de).
Este mercado se celebra desde hace casi cuatrocientos años. En sus orígenes todos los artesanos de la ciudad participaban en la feria. Hoy cuenta con más de ciento ochenta puestos, pero no todo el mundo puede vender allí sus productos. De esta manera, se mantiene el prestigio y la calidad artesanal del famoso Christkindlesmarkt.
DE ALEMANIA A LA REPÚBLICA CHECA
Cada año, el mercado abre sus puertas al público el viernes anterior al primer domingo de adviento. Este año permanece abierto hasta el 24 de diciembre para ofrecer a los visitantes dulces, bebidas calientes, bolas de Navidad y un sinfín de objetos para decorar la casa o para sorprender a familiares y amigos con cálidos regalos.
La figura del Christkind, con su vestido blanco y dorado, sus largos rizos rubios y su corona de oro, es la encargada de inaugurar el mercado. En las semanas previas a la Navidad, se convierte en la figura más representativa de la ciudad, de hecho, el Christkindlesmarkt le debe su nombre. Su discurso, que inaugura el mercado, es especialmente emotivo para los niños.
Lo más pequeños tienen su propio espacio en el mercado navideño de Núremberg. Junto al mercado principal, hay atracciones como un tiovivo o un trenecito de vapor, además de pequeñas casitas (pensadas para la altura de los niños) que ofrecen comida y artículos navideños.
Pero esto no es todo, allí los benjamines de la casa pueden participar en una panadería navideña, en la oficina de correos infantil o en el teatro de marionetas.
Desde Núremberg nos vamos a otra ciudad alemana. Dresde tiene uno de los mercados navideños más antiguos de Europa. En el centro del Striezelmarkt, se alza una pirámide navideña de madera que, con sus 14 metros de altura, está considerada la más grande del mundo.
Los cascanueces y los juguetes artesanales son uno de los principales atractivos del mercado de la ciudad del Elba. Pero, sin duda es el stollen, un dulce típico, el que acapara la mayor parte de la atención.
Muchos panaderos ofrecen diferentes versiones de este panecillo. Además, el segundo sábado del mercado tiene lugar la fiesta del stollen. En esta celebración, el gremio de panaderos de Dresde porta un stollen gigante durante el desfile que recorre la ciudad.
Con el sabor dulce de Dresde viajamos hasta Praga. La capital de la República Checa cuenta con varios mercadillos de Navidad, pero el principal es el de la plaza de la ciudad vieja.




























Mi Yahoo