“Cuando me conoció me comentó que él no leía libros, que lo que veía eran películas”, dijo Miriam Gómez en su presentación de la Feria Internacional del Libro de Miami promocionando el primer volumen de las Obras Completas de Guillermo Cabrera Infante: El cronista de cine.
Pero antiguos amigos sabían que leía más que ellos. Durante los años de estudiante de la Escuela de Periodismo, “era la época en que leíamos a Caldwell, Dos Passos, Capote, Fitzgerald, Mailer. El leyó a Joyce mucho antes que los demás de su promoción, me aficioné a Hemingway, él a Faulkner”, escribió Lisandro Otero al morir Cabrera Infante en el 2005. En 1972 tradujo al español Dublineses de Joyce. De joven fue traductor de cuentos en inglés para la revista Bohemia en Cuba.
El beneficio del cine era más que el de entretener, era una forma de cura de sus intensas depresiones, confesó Miriam en la Feria. Un día estaba muy deprimido “casi catatónico”, por lo que ella insistió en que viera una película que pensaba le gustaría. Al salir del cine, ya lleno de energía, estaba dispuesto a trabajar, “fue mejor que un electroshock, una cura total”, dijo ella, que contó que a Cabrera Infante le dieron hasta 12 electroshocks.
Revisar toda su obra dispersa “fue una gran responsabilidad”, dijo Miriam. “Pero ése era mi destino. Al estar completamente sola tuve la suerte, antes que nada, de encontrarme yo a mí misma”. El le explicó todo lo que quería, y también la opción de romper lo que no le gustara. Se puso a trabajar y cuando creía que lo tenía todo pasado en limpio porque ella era su lectora y su mecanógrafa, seguía aún encontrando más páginas. Entre ellas, las de un libro inédito, El mapa, sobre la ciudad de La Habana.
“Guillermo era su propio material, escribía lo que él vivía. El mapa es lo que le pasó cuando volvió a Cuba para el funeral de su madre [Zoila Infante] en el año 1965; era un original que estaba ahí preparado y yo no lo había leído”, dijo. “Hizo también montones de guiones que se iban a publicar en inglés. Entre ellos uno sobre un dictador que era una mezcla de [Fulgencio] Batista y Fidel Castro, muy divertido”. No muchos saben que con el seudónimo de Guillermo Caín, Cabrera Infante escribió el guión de la cinta de culto Vanishing Point, dirigida por Richard C. Sarafian en 1971.
El sentido del humor del escritor no tenía igual en la literatura cubana, y sabía traducir sus juegos de palabras, sus retruécanos o puns, del español al inglés, que dominaba perfectamente. El redactaba sus obras mientras Miriam dormía, y él dormía cuando ella, muy madrugadora, las editaba. “Le pedían un artículo de siete páginas y él escribía 12”, comentó.
¿Cómo se encontraron? “El 3 de marzo de 1958, en una guagua (ómnibus), frente a la revista Carteles. El se montó en la guagua y me miraba, y yo le cogí miedo. Tenía una mirada que me atravesaba. Me bajo para ir a la Escuela de Arte Dramático y él se baja conmigo. Cuando terminó la clase me estaba
esperando”.
Cabrera Infante estaba casado con Marta Calvo, de quien se divorció. Se casó con Miriam Gómez el 9 de diciembre de 1961. Vivieron siempre juntos hasta que la muerte los separó. •

























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