La mariposa Cethosia cyane se posa en la mano de un visitante y parece sentirse a gusto, porque pasa allí una buena parte de su vida (que dura unas tres semanas) simplemente de visita.
Pero no hay que tener lástima a la colorida criatura que parece exhibir con orgullo sus preciosas alas de tonos tostados, negros y rojos ante varios invitados a una visita preliminar de su nuevo hogar, decorado a todo lujo, en Coral Gables. Pronto se le unirán unas 4,000 mariposas exóticas, además de un puñado de colibríes, orquídeas raras y plantas tropicales.
Digamos que se trata de un patio de juegos para científicos. Un paraíso para los amantes de la naturaleza.
El futuro de la ciencia, educación y entretenimiento relacionados con las plantas llegó el sábado al Jardín Botánico Tropical Fairchild con la inauguración del Paul & Swanee DiMare Science Village (Aldea Científica Paul & Swanee DiMare), a un costo de $6 millones. Este pequeño mundo dentro de otro mundo, en el terreno de 83 acres de Fairchild, ocupa un lugar en el que antiguamente había un viejo local de mantenimiento. Luego de 10 años de planificación y dos de construcción, este nuevo espacio natural parece haber surgido por arte de magia en su ubicación de dos acres.
Los cuatro edificios de la aldea cubren más de 25,000 pies cuadrados y contienen laboratorios, aulas para estudiantes universitarios de nivel de college y postgrado, un invernadero de acero inoxidable y malla de unos 40 pies de alto para mariposas y colibríes, y una selva tropical que se expande hasta las puertas de laboratorios y salones de clase.
Esta selva, según la directora de operaciones del Fairchild Nannette Zapata, promete brindar a los estudiantes una vista que rivalizará con los hermosos paisajes de Hawai. Ya hay instalada allí una clase de la Universidad Internacional de la Florida, atendiendo con fascinación una disertación sobre taxonomía de plantas tropicales. El director del Fairchild, Carl Lewis, prevé que en el Science Village habrá un recinto universitario resguardado por la naturaleza con 10 científicos, 20 estudiantes de postgrado y 40 estudiantes de licenciatura, investigando, estudiando y trabajando allí en los próximos cinco años.
Algunos ya están allí. En la sala contigua a la clase de FIU, Michael Hass, ex biólogo forense del Condado Miami-Dade, machaca plantas caribeñas en un mortero sobre su mesa blanca de trabajo, iluminada por los rayos de sol que se filtran por entre el follaje. Hass ha cambiado el estudio de tejidos humanos por el de las plantas, pero el objetivo es el mismo, identificar y aprender sobre los seres vivos con objeto de conseguir la conservación de una especie.
Zapata señala que la misma tecnología que se usa en los proyectos sobre el genoma humano se puede usar en las plantas. Con el ADN, se puede identificar realmente lo que son las plantas, dice.
El concepto es el ciclo de la vida, añade Lewis. Tenemos que entender la diversidad de estas selvas.
La investigación genética, los modelos climáticos, la propagación de las plantas y el estudio de la vida animal se convertirán en una experiencia interactiva para los visitantes del jardín, casi al alcance de la mano a propósito, dice Lewis. Hay intercomunicadores situados por las paredes de piedra del invernadero para mariposas.






























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