Mi buen amigo Paco Ferrer solía decirme, un poco en broma, un tanto en serio: “La mayor maldición que puedes proferir, es desearle a tu peor enemigo que obtenga la licencia de corredor de bienes raíces y que se vea obligado a vivir de ella”. Tal vez Paco tenía razón, quizá no; pero lo cierto es que el trabajito se las trae.
El mercado inmobiliario está cambiando nuevamente y en esta ocasión de manera que no va a ser del agrado de muchos, pues a la mayoría de las personas activamente lo conforman les motiva más ver bajar los precios en los productos, observar cómo se van de sus manos y escapan de sus posibilidades los bienes desean poseer.
Aquellos que han seguido las noticias del sector financiero en las últimas semanas habrán podido percatarse del gran cambio que se avecina en los precios de las propiedades inmobiliarias, producto del inminente sisma entre la oferta y la demanda de estos bienes. El problema radica, principalmente, en la falta de acceso al capital para comenzar nuevos desarrollos o para continuar los ya iniciados con que cuenta actualmente el sector de la construcción y por ende los constructores.
“Obtener hoy día un préstamo, a través de una institución financiera, para echar a andar un proyecto inmobiliario, es prácticamente imposible.” Es el decir de los constructores del sur de la Florida. Y mientras las condiciones de inseguridad económica e incertidumbre financiera sean las que sigan imperando en nuestra economía, menos préstamos para iniciar construcciones se realizarán y mayor será el incremento del precio de los inmuebles ya existentes.
Muchos son los que cifran sus esperanzas en las recientes solicitudes y en la obtención de permisos dirigidos a construir nuevos proyectos, para lograr un equilibrio en el mercado inmobiliario, el cual pueda influenciar decisivamente en el futuro valor de la vivienda; pero ello tiene muy poco peso económico, ante la realidad existente.
Aún hay quienes no asimilan que innumerables construcciones se iniciaron en pleno “boom inmobiliario” y que un gran número de las mismas se quedaron a la mitad de lo planeado, por falta de capital para continuarlas; y lo que es aún peor, que el fenómeno puede repetirse de producirse un arranque en falso.
Aparte de todo lo antes expuesto y como si ello no fuese suficiente, está la actual debilidad de los instrumentos financieros y de los valores que son negociados en la bolsa, frente a la firmeza y seguridad que brindan las inversiones inmobiliarias.
Independientemente de la opinión que cada cual tenga y de toda experiencia personal acaecida durante o como consecuencia directa del último “boom inmobiliario”, está históricamente comprobado que la inversión que se realiza en tierras, ladrillos y cemento o sea, en bienes raíces, es la más segura de todas las inversiones; y desde luego, los inversores así lo saben y procuran proteger momentáneamente su capital, haciendo inversiones inmobiliarias, hasta que cambie el panorama económico y puedan lograr mayores dividendos en inversiones que les ofrezcan un mayor retorno.
Conclusión: El momento es mágico. No lo deje escapar.
. J. A. “Tony” Ruano es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra, venta y administración’’. tony@ruanobrokers.com


























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