Las autoridades supervisan los vuelos fletados en la región, y analizan las lunas nuevas y las mareas altas para tratar de predecir las acciones de los traficantes. Los contrabandistas son supersticiosos, por lo que las autoridades vigilan las actividades de las brujas locales en busca de claves, agregó.
¿Cuándo la bruja trae sus hierbas? ¿Cuándo está la bruja en casa? ¿Cuándo la bruja tiene invitados? dijo Hernández. Todas estas cosas son parte del análisis.
En el curso de los años, las autoridades han interceptado 23 semisumergibles y detectado 96. Incontables otros han sido hundidos por los narcotraficantes para evitar que sean capturados, dijo Hernández.
Para las naves que se alejan de las costas colombianas, un centro de inteligencia en Cayo Hueso, administrado por el Comando Sur de EEUU, guía a la Guardia Costera y a los agentes de la DEA a las embarcaciones sospechosas en colaboración con las autoridades centroamericanas.
Colombia ha reducido dramáticamente durante la pasada década su producción de hoja de coca y cocaína, pero se mantiene como el mayor suministrador del narcótico a los Estados Unidos. Este año a lo largo del Pacífico colombiano se han confiscado más de 80 toneladas de cocaína, dijo la Marina de Guerra.
Aunque el submarino puede ser la mayor innovación, no es la única.
Colocados entre las naves en el museo están lo que parecen torpedos de acero o lo que los agentes aquí llaman sumergibles no tripulados.
Los torpedos son contenedores aerodinámicos que pueden cargar varias toneladas de cocaína y ser remolcados detrás de una nave de pesca que no llama la atención, o unidos al casco de un bote. Si los traficantes sospechan que están a punto de sufrir una redada, simplemente los cortan.
Hace alrededor de un mes, nos dimos cuenta que ellos comenzaron a usar faros electrónicos en los sumergibles no tripulados, dijo Hernández. La tecnología permite a los contrabandistas deshacerse de su carga y recuperarla días o semanas después.
Otra reciente innovación es el uso de buzones que pueden ser rellenos con cocaína y enterrados en la playa en, digamos, Costa Rica o Nicaragua.
Cuando el pago llega, se le dan al cliente las coordenadas de dónde encontrar los buzones, explicó Hernández, de forma que nunca es un encuentro cara a cara.
Mientras miraba por la escotilla de uno de los semisumergibles, el teniente Diego Areiza describió la guerra contra las drogas como una carrera tecnológica de persecución.
Esto es un ejemplo de la evolución de la innovación criminal, dijo. Pero es también un ejemplo de la forma en que ellos evolucionan. De otra forma, no se verían todas estas embarcaciones aquí.
El capitán Ricardo Benitorevollo es un submarinista en la Armada de Colombia y ha estudiado cuidadosamente los narco submarinos. El dijo que la máquina tiene controles sofisticados de sumersión y orientación, un sistema de manejo de lastre y aire acondicionado central. Cuando ellos lo descubrieron, estaba lleno con paquetes de sosa cáustica, lo que sugiere que la máquina también iba a tener un filtro de oxígeno. El estimó que puede costar $2 millones construirla.
Al preguntársele cómo las comparaba con los submarinos colombianos, dijo que eran muy similares a los submarinos tácticos de la Armada, pero con más equipamiento. En los submarinos colombianos, los oficiales tienen que ir a cubierta para usar el baño. Los narco submarinos tienen un baño interior.
Hay otra diferencia, agregó: Sus camas son más grandes.
El reportero de The Miami Herald Carol Rosenberg contribuyó a este reportaje desde Miami





























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