Tamarindo. Pepino con chile. Coco. Ron con pasas. Limón. Chamoy. Tequila.
Estos son apenas algunos de los sabores de nieves mexicanas que Oliveyda y Juan Prado venden en Joankale, su nueva tienda de helados en la Pequeña Habana.
Por aquí no hay mucho típico mexicano, dijo Juan Prado, quien nació en el estado de Michoacán. Quise traer lo que son las nieves, y aquí les dicen helados. Es lo típico en México.
Antes de la apertura del local en marzo, en el 1058 SW 1st Street, los amantes de las nieves mexicanas en Miami tenían que viajar hasta Homestead, donde hace 13 años se estableció La Michoacana, que está vinculada a una famosa cadena mexicana del mismo nombre y utiliza la misma receta.
Ahora, los Prado, que son amigos de los propietarios de la tienda en Homestead, venden ese producto en su tienda en La Pequeña Habana.
Pienso que sí hay mercado porque aquí hay mucha gente que nos visita desde Miami, dijo Miguel Chávez, administrador del negocio en Homestead. Usan nuestro mismo producto, pero ahora está en Miami.
Los Prado no tenían experiencia como empresarios antes de abrir su negocio. Juan se dedica a hacer e instalar muebles de cocina; Oliveyda, quien nació en Matagalpa, Nicaragua, ha sido ama de casa. Se conocieron en 1991 en Los Angeles, y se mudaron a Miami pocos años después con sus cuatro hijos.
En el 2008, perdieron su casa en North Miami Beach en lo que consideraron una estafa por parte del abogado que habían contratado para ayudarles renegociar los pagos de la hipoteca. Desvastados, la pareja decidió tomar un riesgo y montar el negocio con lo poco que tenían en ahorros, además de préstamos y la ayuda de sus amigos en Homestead.
Lo abrimos, de verdad, con las uñas, dijo Oliveyda Prado.
La tienda es un rayo de luz en el barrio. Las paredes, tanto adentro como afuera, están cubiertas con los personajes del Chavo del Ocho, la clásica comedia de televisión mexicana. El artista nicaragüense Luis Manuel Cuadra Esperanza, quien vive en el barrio y se conoce como Archie Nica, laboró por un mes para pintar las paredes.
Los Prado escogieron el local por las tres escuelas en el área, pensando que los alumnos serían sus más fieles clientes. Se equivocaron. Sus clientes regulares incluyen los ancianos del vecindario que padecen de diabetes y aprecian las paletas hechas de agua y fruta natural.
También llegan varias familias con sus hijos, como Karla Posas, quien lleva su hija Emilieth, de 4 años, cada tercer día.
Le encanta el helado de vainilla, dijo Posas. Es donde más le gusta ir.
Aparte de la nieve y las paletas, los Prado venden un sorteo de productos mexicanos, como el chicharrón, horchata, cócteles de camarones y atole. Durante los fines de semana, Juan se levanta a las 4:30 a.m. para preparar una barbacoa y pozole.
Poco a poco, el negocio ha ganado popularidad en el barrio. Juan Prado sabe por qué.
La única promoción que hemos tenido es el producto, dijo Juan Prado. Y no hay mejor promoción que las paletas y la nieve de La Michoacana.






























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