El compositor John Adams, uno de los pilares del minimalismo, regresó en la noche del sábado al podio de la New World Symphony para dirigir dos de sus obras y una de Elliot Carter, fallecido el 5 de noviembre, quien hubiera cumplido 104 el día 11.
A pesar de su longevidad y de la relativa popularidad que tuviera en la década de 1950, Carter nunca ha logrado con su obra la cálida acogida de compositores de otras generaciones. Quizá el afán de “pionerismo” y de “originalidad” aleja su música (y la de muchos compositores del siglo XX) del gran público. El esoterismo formal les da atractivo en el campo de la crítica y se convierten en “compositores para compositores”, pero su lenguaje, dirigido al cerebro, no toca los corazones. La música, cuando se vuelve juegos matemáticos, puede entretener, sorprender, interesar; pero como me comentó un colega: “Nadie se dice cuando llega a su casa del trabajo: ‘Voy a poner en el player las Variaciones para orquesta, de Elliot Carter’ ”.
Justamente fue esa enjundiosa obra el centro de la noche. Presentada con su proverbial amenidad por Adams, que destacó aspectos estructurales e incluyó un breve comentario del propio Carter proyectado en las pantallas, la obra alcanzó largos aplausos por un público sin duda muy enterado, aunque algunos no movieron sus manos, y hubo asientos que se vaciaron en el intermedio.
Las obras de Adams que abrieron y cerraron la noche fueron mucho mejor escogidas y la úlltima fue ovacionada de pie. La brevísima Slonimsky’s Earbox es un homenaje al compositor y musicólogo Nicolás Slonimsky a quien Adams conoció personalmente en Santa Mónica. La obra, aunque exploratoria y con una estructura en la que se experimenta con las escalas musicales, resulta cálida al oído y no le falta el toque de humor que caracteriza a su autor.
Con más peso y duración, Absolut Jest fue sin duda el bocatto di cardinale de la noche. Especie de concierto para cuarteto de cuerdas y orquesta, contó como estrellas al famoso St. Lawrence String Quartet. Al igual que con las otras piezas, Adams destacó fragmentos de su creación y, sobre todo, le pidió a los solistas que tocaran completo el Scherzo, del Cuarteto de cuerdas op. 31, de Beethoven, en el que se inspira la obra.
Con evidente carga filosófica este curioso concierto despierta la intriga, sobre todo por el tratamiento armónico de los temas y su paseo por distintos instrumentos. La atmósfera sugiere profundidad, pero nunca se hace densa ni aburrida, y las sorpresas tonales y de color van cayendo en su lugar. Aunque la extravagancia de los cencerros no pinta mucho, salvo ese toque de travesura que abunda en la obra de Adams, quien sin dejar de tomar en serio su trabajo como compositor de estos tiempos no ha perdido la gracia de reírse de sí mismo. Al finalizar el Scherzo de Beethoven, magistralmente interpretado por los St. Lawrence, comentó con sorna: “ I feel like a fool [me siento como un tonto]”. En ese humor también está su grandeza.•
El próximo concierto de la New World Symphony será el 8 de diciembre. (305) 673-3331 y www.nws.edu.


























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