No califico como un motivador social o político correcto porque estos se proyectan siempre repartiendo mucha fe y esperanzas en todos los momentos y lugares y no son dados a admitir fallas o temas que desalientan aunque sea una verdad que les dé en la cara. En el artículo anterior hablamos de la evolución socio-política que va teniendo últimamente el Miami cubano y de los desafíos y retos que todavía tienen por delante las tradicionales organizaciones y líderes del mismo para que no se alejen más del sentir del pueblo cubano y puedan ser –entre todos– más efectivos a la apertura de la nación cubana. Hoy trataremos –en la obligada síntesis de un artículo– de responder esa misma pregunta enfocando al régimen de Cuba.
No estoy en la lista de los que piden a Estados Unidos se mantenga o apriete más el embargo económico a Cuba porque si de alcanzar la liberación de la patria se trata, ella hay que buscarla, abonarla y alcanzarla entre cubanos y no dependiendo de medidas extranjeras. Eso es penoso para el que lo propone y defiende y penoso para el que ha puesto o pone alguna esperanza en ellas. La población cubana que está dentro y fuera del país tiene que acabar de convencerse de que es solo entre todos los cubanos que podemos salir del profundo hueco en que ha caído nuestra patria. Admitirlo es avanzar. Hemos estado escasos de conciencia cívica, esfuerzo propio e inteligencia ciudadana.
Tampoco estoy en la lista de los que exoneran al régimen de ser los máximos responsables del retroceso, estancamiento y caída de Cuba en este medio siglo. ¿Cómo juzgar la situación de mi país y no reconocer y exponer que los problemas esenciales del mismo, su verdadero bloqueo, su freno, han sido y son sus máximos jefes? Si cualquier análisis de Cuba no parte de esa premisa, parte de pedestales falsos. Hasta el ardid histórico de las propias autoridades de Cuba para mantenerse atrincherados es un funesto argumento y un mal guión. Se delatan ellos mismos. Obviamente si tuvieran buena voluntad nacional, amor y consideración al pueblo cubano porque hay que esperar por el levantamiento de una medida extranjera para levantar las trancas nacionales. El gobierno de Cuba le gana a Miami en el mirar para Estados Unidos.
¿Ha cambiado el régimen cubano? No es exacto decir que sí y tampoco es exacto decir que no porque han hecho algunas temerosas maniobras hacia adelante que han sido del agrado popular. No son las aguas más limpias que quieren los que están fuera del desierto, pero los que están dentro hasta un poco de agua contaminada les sacia. En sistemas de muchos años de completo totalitarismo como ha sido el cubano no es siempre fácil hacer cambios, pero hasta una parte de la población se ha acostumbrado a vivir de manera decadente con la libreta y el “igualitarismo” y se enfrenta a las autoridades en sus instancias, escriben y se molestan con que otros puedan despegar e ir adelante. Les gustaría ver a todos con la misma camisa puesta. Expresemos la verdad: el freno nacional de Cuba no lo aprietan solo los esclavistas, también los esclavos que no quieren libertad para ellos, ni para nadie.
Lo anterior es el desafío del jefe de Cuba hoy. ¿Oye el clamor de la mayoría o se sigue subordinando a esa minoría enferma de frustración y resentimiento porque se les ha ido la vida esperando por los sueños prometidos? Hubo muchas esperanzas con el sucesor porque no tiene el sobredimensionado ego del hermano que buscaba afanosamente protagonismo internacional. Raúl Castro parecía un hombre con los pies sobre terreno cubano, pero no me ha gustado la acción de mandar a callar a la inteligente y reformista hija Mariela Castro y sacar del closet al almidonado y extremista hermano que como todos los “instructores políticos” es un matador de esperanzas, fe y desarrollo. En estos momentos Cuba necesita de la línea gradualista de Mariela y no la del estancamiento de su hermano Alejandro. La de Mariela da algunos frutos, derechos, paz y un poco de armonía nacional.



























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