Washington -- Después de que un accidente con un arma de fuego le arrancara la mitad de la cara, Richard Lee Norris pasó 15 años viviendo como un ermitaño en Hillsville, Virginia. Horriblemente desfigurado, se pasaba la vida en un encierro. Cuando se aventuraba a salir a la calle, lo hacía enmascarado con una gorra de béisbol y una mascarilla quirúrgica. No hizo carrera y nunca se casó.
Ahora, siete meses después de someterse al trasplante de rostro más completo de la historia, Norris, de 37 años, está finalmente saliendo de su encierro.
Gracias a una combinación de potentes medicinas y una determinación férrea, Norris está sanando con mayor rapidez de lo que nadie esperaba, según sus médicos en el Centro Médico de la Universidad de Maryland (UMMC), donde se llevó a cabo su trasplante.
Nosotros hacemos la operación como médicos, pero el resto depende de usted como paciente, dijo Eduardo Rodríguez, odontólogo y cirujano del UMMC. Usted lleva el peso de la responsabilidad. Norris, según Rodríguez, asumió la responsabilidad como nadie.
El doctor Rodríguez nació en Miami en 1966 de padres cubanos, refugiados poco después de la revolución de 1959. Rodríguez estudió la secundaria en el Colegio de Belén y más tarde hizo Neurobiología en la Universidad de la Florida en Gainesville. De ahí pasó al Colegio de Odontología de la Universidad de Nueva York, donde se graduó en 1992. Más adelante, después de otros estudios avanzados, completó su formación como cirujano maxilofacial en el Centro Médico Montefiori, del Colegio Albert Einstein en Nueva York.
Para cuando Norris fue seleccionado como candidato a un trasplante en el 2005, ya se había sometido a más de una docena de operaciones que trataban de darle uso funcional a su boca. A pesar de las numerosas cirugías, ciertos rasgos faciales como los labios, la nariz y el estremo de la lengua eran irreparables.
Luego de varios intentos de reconstrucción, se hizo evidente que eso no iba a funcionar, dijo Norris, quien se negó a ser entrevistado en persona, en un comunicado escrito a The Post. El trasplante de cara era una de las pocas opciones que me quedaban.
La operación de 36 horas se llevó a cabo en marzo y en ella participaron más de 150 médicos, enfermeros y personal del UMMC.
Todo, desde el cuero cabelludo hasta la mitad de mi cuello fue reemplazado, incluyendo los huesos de la mandíbula, los dientes, parte de la lengua, músculos y nervios, dijo Norris, que logró preservar la vista después del accidente de y las operaciones subsiguientes.
Los días que siguieron al trasplante fueron prometedores. A Norris le retiraron el respirador artificial postoperatorio, y en menos de una semana ya podía afeitarse la cara y cepillarse los dientes.
Cuando Norris vio su nuevo rostro en el espejo por primera vez, escribió, lo único que pude hacer fue abrazar al doctor Rodríguez.
No obstante, pasó en el hospital los dos primeros meses después de la operación. El objetivo en ese momento, dijo Rodríguez, era reducir la inflamación e impedir el riesgo de rechazo por medio de altas dosis de medicamentos inmunosupresores.





























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