Washington -- Pocos días después de su juramentación, Marco Rubio ya estaba tratando de atajar las especulaciones.
Este es el trabajo que yo quería tener. Yo quería ser senador federal, no candidato vicepresidencial ni candidato presidencial, declaró en la radio a un entrevistador en enero del 2011. Yo no me postulé para usar este puesto como un escalón.
Pero el martes por la noche, en el Hotel Mayflower Renaissance, Rubio dio otro paso hacia ese probable futuro.
En medio de rumores sobre una posible carrera a la presidencia en el 2016, el republicano de la Florida pronunció un discurso sobre la forma de levantar a la clase media, llamándola la respuesta a los desafíos más apremiantes que enfrentamos, mientras trataba de proyectar una nueva perspectiva para el Partido Republicano, que todavía está reponiéndose de las elecciones del mes pasado.
Rubio compartió el escenario, y un mensaje similar, con otra figura del Partido Republicano y probable candidato presidencial, el representante federal Paul Ryan. Los jóvenes y ambiciosos políticos Rubio, de 41 años, y Ryan, de 42 compitieron por ser el centro de atención, bajo la mirada de varios cientos de personas, más de dos docenas de reporteros y espectadores de C-SPAN.
Rubio es más brillante y carismático, y se vale de la fuerza emocional de la historia de sus padres como inmigrantes para impulsar su mensaje. Pero Ryan, de Wisconsin, es muy querido entre los conservadores, y fue igualmente bien recibido.
La situación fue reconocida sólo por medio de una broma.
Usted se une a un grupo selecto de ganadores anteriores [del premio] hasta ahora somos sólo usted y yo, dijo Ryan a Rubio, quien recibió el galardón de liderazgo entregado por la Fundación Jack Kemp en el banquete del grupo, realizado el martes en el Mayflower. Lo veré en la mesa durante la cena para dos. ¿Conoce algún buen sitio para cenar en Iowa o New Hampshire?
Rubio, que viajó a Iowa el 17 de noviembre, bromeó después: No me voy a quedar parado viendo que se pasa por alto a la gente de Carolina del Sur.
Para Rubio, que llegó a Washington al derrotar a un gobernador titular desbancado como un implacable escalador de cargos públicos, su creciente presencia nacional es un delicado equilibrio entre su promesa de centrarse en el Senado y su impulso político. Le restó importancia a convertirse en compañero de boleta de Mitt Romney, una designación que fue recibida por Ryan, pero al quedarse el Partido Republicano sin un líder claro y en busca de dirección, Rubio no cierra las puertas.
La derrota de Romney y otras decepciones electorales han dejado al partido en busca de una nueva dirección, y los discursos de Rubio y Ryan reflejaron su afán de atraer a un grupo más amplio de votantes. Ambos hicieron un esfuerzo por distanciarse de la imagen que Romney dejó después de decir que la mitad del país es irremediablemente dependiente del gobierno, el desafortunado comentario del 47 por ciento, hecho durante un evento privado para recaudar fondos en Boca Ratón, Florida.
Se alejaron de la retórica partidista y trataron de proyectar una visión más optimista y abierta, con un fuerte enfoque en las familias de clase media.






























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