Como la mayoría de los votantes, en los días antes de las elecciones los latinos indicaron en encuesta tras encuesta que los trabajos y la economía eran los temas que más les preocupaban. La importancia de estos temas para los latinos resultó en una participación electoral histórica en el 2012, y un apoyo abrumador para la reelección del presidente Obama. En la etapa pos-elección, los latinos esperan que el liderazgo de nuestra nación adopte políticas que ayuden a acelerar el crecimiento económico y que nos mantenga en el camino hacia la recuperación económica. Esos avances que hemos hecho hasta el momento, peligran si es que la nación cae en el precipicio fiscal el 2 de enero del 2013, el día en que drásticas reducciones presupuestarias entran en vigor y las reducciones de impuestos para la clase media se vencen. La mayoría de los economistas están de acuerdo en que si no hay un compromiso entre la Casa Blanca y el Congreso antes de esa fecha, es muy probable que caigamos de nuevo en una recesión, que se estanque el crecimiento, y que suban las tasas de desempleo.
Los latinos tienen mucho en juego en este debate sobre el precipicio fiscal. No solo son un sector creciente del electorado que amplificará su voz en el proceso político en los próximos años, sino también una fuerza vital de nuestra economía. Los niños latinos representan un poco más de uno de cada cinco niños en las escuelas públicas del país. En el futuro cercano, tres de cada cinco trabajadores en el país serán latinos. Invertir en estos futuros trabajadores tendrá un impacto significativo en la fuerza y la competitividad de la economía del país.
Recientemente estuve en una reunión con el presidente Obama y mis colegas líderes de organizaciones defensoras de los derechos civiles para discutir el precipicio fiscal. Presentamos un frente unido en representación de todos los que trabajan a favor de las comunidades minoritarias: tenemos que proteger a los más vulnerables entre nosotros en este proceso y no debemos subirles los impuestos a las familias trabajadoras y la clase media. Balancear el presupuesto en las espaldas de ellos solo ampliará la actual brecha hacia el éxito para nuestras comunidades.
Encuestas recientes demuestran que los latinos apoyan una estrategia balanceada para reducir el déficit. En una encuesta de impreMedia/Latino Decisions, casi la mitad de los votantes hispanos apoyaron la generación de ingresos y la reducción de gastos.
El impacto del precipicio fiscal se sentiría automáticamente. Varios estimados muestran que más de dos millones de norteamericanos perderían sus beneficios de desempleo y las familias de la clase media verían un aumento promedio de $2,000 en impuestos. Los latinos, que tienen una tasa de desempleo más alta (10%) que la tasa nacional (9%), sufrirían desproporcionadamente la crisis hipotecaria y son especialmente vulnerables a los efectos del precipicio fiscal. Tratar de mantenernos a flote sería extremadamente difícil.
Los latinos queremos que el Presidente mantenga su compromiso de hacer crecer una economía justa. Eso significa que no podemos dar la espalda a los enfermos o a los que tienen hambre. Debemos seguir fomentando el contrato social que ha existido a través de las generaciones, haciendo inversiones que promoverán una economía estable y creciente. Reducir esas inversiones es un remedio de muy corto plazo y afectará la prosperidad de nuestro país a la larga.
Nuestro país tiene un orgulloso historial de dar oportunidades para que más personas podamos entrar y mantenernos en la clase media. Tenemos que seguir esta tradición si queremos honrar esos valores entrañables que han abierto el camino a tantos latinos en el país.
Presidenta y gerente general del Consejo Nacional de la Raza (NCLR).

























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