EL CAIRO -- Egipto pospuso el viernes el inicio de un referendo sobre un controvertido borrador de Constitución, con lo que el gobierno del presidente Mohamed Mursi mostró un intento por retroceder y dar espacio a las negociaciones con la oposición mientras enfrenta protestas masivas que exigen la cancelación de la consulta.
El anuncio del jefe del comité electoral egipcio Ismail Hamdi se conoció un día después de que Mursi llamó al diálogo a pesar de que acusó a las miles de personas que protestan fuera del palacio presidencial de estar infiltradas por rufianes.
La crisis se intensificó cuando el Presidente convocó a un referendo el 15 de diciembre sobre una nueva propuesta de Constitución aprobada por legisladores islamistas en una sesión con la ausencia de los liberales. El resultado fue una carta con artículos que los liberales temen que puedan allanar el camino hacia la islamización de Egipto.
Tras el discurso del jefe de Estado el jueves, que sus detractores comparan con los del derrocado Hosni Mubarak, el opositor Frente de Salvación Nacional anunció el viernes que no participará en el diálogo propuesto por Mursi.
Esta coalición, formada por grupos liberales, izquierdistas y revolucionarios, consideró que el Presidente ha ignorado sus reivindicaciones de anular el acta constitucional con la que blindó sus poderes y la convocatoria del referéndum.
“El diálogo carece de los elementos básicos de una negociación verdadera y seria”, dijo el Frente, encabezado por el premio Nobel de la Paz Mohamed el Baradei, el ex secretario general de la Liga Arabe Amro Musa y el ex candidato presidencial Hamdin Sabahi.
Para esta agrupación, el discurso de Mursi fue “decepcionante”, ya que defendió sus decisiones y no reconoció la responsabilidad de los Hermanos Musulmanes en los enfrentamientos del pasado miércoles en torno al Palacio Presidencial, en los que murieron seis personas y centenares resultaron heridas.
La Guardia Republicana, que custodiaba desde ayer el palacio, retiró la alambrada que cercaba el complejo tras negociaciones con los manifestantes. “El Ejército y el pueblo son una sola mano”, se escuchó entre los opositores a Mursi que celebraron esta decisión.



























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