Los amantes del béisbol conocen que Jackie Robinson rompió la barrera racial en Grandes Ligas cuando debutó en 1947 con el uniforme de los Dodgers de Brooklyn, equipo para el que jugó 10 campañas.
El detalle que muchos no saben es que antes de que los buscadores de talento se fijaran en Robinson, ya le habían echado el ojo al cubano Silvio García en los campeonatos profesionales de Cuba, México, República Dominicana y las Ligas Negras de Estados Unidos.
Finalizada la Segunda Guerra Mundial, el béisbol de Grandes Ligas afrontaba problemas con algunos de sus jugadores blancos y el millonario mexicano Jorge Pasquel retó a Estados Unidos firmando con lucrativos contratos a peloteros latinos y a estrellas de las Ligas Negras.
Las taquillas disminuyeron en las Mayores, y para hacerlas crecer pensaron en los jugadores negros que hasta ese momento habían sido ignorados.
¿Qué decretó que fuera Jackie Robinson y no Silvio García, el elegido?
En ocasión de visitar los Dodgers de Brooklyn a la ciudad de La Habana a principio de la década del cuarenta, el dueño de este equipo Walter O’Malley, le asignó a Leo Durocher que observara a varios peloteros cubanos y el mánager quedó tan impresionado con el talento del antillano que lo recomendó a la directiva del club.
Según palabras de Durocher, el cubano era un pelotero superior al estadounidense Marty Marion, en ese entonces el mejor torpedero de las Mayores.
De acuerdo a varios historiadores, antes de firmar a Robinson, el gerente de los Dodgers Branch Rickey, lo sometió a una difícil entrevista.
Rickey le preguntó: ¿Tienes las agallas necesarias para arriesgarte? Y seguidamente lo puso a pensar… Piensa en estos momentos que yo soy un jugador irritable y me deslizo fuerte con los spikes en alto. Tú te mantienes firme, me tocas fuerte con la bola en las costillas y el árbitro decreta out. Todo lo que yo veo es un rostro negro encima de mi persona y entonces te golpeo en la mejilla. ¿Qué haría entonces?
Dicen que el joven Robinson respiró profundo, apretó los puños y respondió: "Señor Rickey, recuerde que yo tengo dos mejillas’’.
Así fue que Robinson inició su camino hacia la inmortalidad. Para triunfar se impuso a todo tipo de vejaciones, desde hospedarse y viajar aparte de sus compañeros de equipo hasta soportar agresiones físicas, que le escupieran o le lanzaran gatos negros en los terrenos en que se presentaba.
Su calidad como jugador y la firme perseverancia de este hombre, pudieron más que todos los obstáculos, y gracias a Robinson llegaron figuras como el cubano Orestes Miñoso, el dominicano Juan Marichal, el puertorriqueño Roberto Clemente y el panameño Rod Carew.
Pero el matancero Silvio García tenía un temperamento diferente al de Robinson, y por ello no fue escogido por los dirigentes de los Dodgers para romper la barrera racial.
Silvio poseía unas manos excelentes, fue rápido en las bases, tenía un cañón por brazo y era un bateador de tacto y poder.
Comenzó su carrera en 1936 como pitcher, ganando 10 y perdiendo dos, terminando empatado en victorias con Martín Dihigo y Ray “Jabao’’ Brown.
Pero su excelencia como pelotero lo llevó a la consagración como campocorto en la Liga Profesional Cubana.
También brilló en los campeonatos de República Dominicana, Puerto Rico, México y en las Ligas Negras de Estados Unidos con los equipos Cuban Stars y New York Cubans.
En la temporada de 1941, en el Estadio La Tropical de La Habana, resultó líder de los bateadores. Años después en la campaña 1950-51 a los 36 años de edad, en el Estadio del Cerro, repitió el liderato de los bateadores con promedio de .347.
Silvio García fue uno de los mejores peloteros cubanos y solamente el racismo que existía en su época en Estados Unidos, evitó que brillara en Grandes Ligas.


























Mi Yahoo