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Tim Cook muestra el lado amable de Apple

 
 

El presidente ejecutivo de Apple, Tim Cook,  durante un evento especial en octubre pasado.
El presidente ejecutivo de Apple, Tim Cook, durante un evento especial en octubre pasado.
Kevork Djansezian / Getty Images

AP

“Esos empleos no regresarán”, le habría dicho Steve Jobs al presidente Barack Obama a comienzos del 2011, cuando le preguntó en una cena si Apple consideraba mudar parte de su manufactura de China a Estados Unidos.

Pero Tim Cook, el sucesor de Jobs en la dirección general de Apple, tal vez tenga otra respuesta para Obama: “Sí se puede”, tal como el mandatario pregonó durante su primera campaña electoral.

Los bordes de metal de sus computadoras y dispositivos móviles son igual de afilados que siempre. Pero bajo el liderazgo de Cook, Apple está emergiendo como una empresa más amable. El anuncio reciente de Cook, de mudar a Estados Unidos la producción de una de sus líneas de computadoras Mac, es sólo el más reciente paso para suavizar la imagen de la empresa después de la muerte de su cofundador en octubre del 2011.

“Cook es más gentil en términos de cómo se proyecta a sí mismo”, dijo Carolina Milanesi, analista de Gartner.

Milanesi opina que la nueva actitud deriva de una necesidad –pocas personas habrían tolerado la arrogancia al estilo Jobs en un nuevo director general–, pero también es un reflejo de la personalidad de Cook.

Cook nació en Alabama y a sus 52 años todavía parece un caballero sureño. Llegó a Apple Inc. en 1998 proveniente de IBM Corp., donde trabajó 12 años. Comenzó como primer vicepresidente de operaciones mundiales de Apple y se abrió paso para ser jefe de operaciones. Se forjó un nombre como experto organizador de procesos manufactureros y como un diestro gerente de cadenas de suministro. Cook encabezó las operaciones en el día a día antes de ser nombrado director general en agosto del 2011, pero permaneció tras bambalinas mientras Jobs acaparaba los reflectores.

Cook no dijo qué computadoras se fabricarán en Estados Unidos o dónde se situarán las nuevas instalaciones. Pero regresar una línea de ensamble al país es como el brillo un faro simbólico de esperanza para los estadounidenses de clase trabajadora, preocupados porque la economía global no les ofrece algo.

Las reformas de Cook han sido internas y externas. A comienzos de este año visitó las fábricas en China donde se ensamblan los productos de Apple como parte de una auditoría de la empresa a las condiciones laborales. Poco después la fábrica Foxconn prometió limitar las horas de trabajo y elevar los salarios.

Los empleados estadounidenses también recibirán mejor trato. A comienzos de noviembre publicó que la empresa permitirá que algunos empleados se tomen hasta dos semanas pagadas para atender proyectos que podrían beneficiar a la empresa. El programa es similar al de Google, cuyos colaboradores dedican 20 por ciento de sus horas laborables a “pasatiempos” emprendedores.

Con Cook, Apple también se ha vuelto más amiga de los inversionistas. Después de que Jobs prefirió mantener las reservas de la empresa, este año, por primera vez en dos décadas, Apple comenzó a pagar a los accionistas dividendos por casi $10,000 millones.

La diplomacia de Cook se extendió también al territorio enemigo. Mientras Jobs prometió una “guerra termonuclear” contra Google, en noviembre Apple solucionó sus demandas de patentes con HTC Corp., una socia taiwanesa de Google que fabrica teléfonos multifuncionales.

Carl Howe, analista de Yankee Group, dijo que esta imagen “suave” de Apple no significa que Cook sea un blandengue.

“No se equivoquen: no es necesariamente amable y gentil cuando necesita que se hagan la cosas. Es un jefe muy exigente”, agregó.

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