Por cada una de las nueve personas contra las que disparó y mató durante estafas, el ex policía de Sweetwater Manuel Pardo no rehuyó la pena máxima.
Lo que les pido es que me permitan un final glorioso y no me condenen a una institución del estado por el resto de mi vida, declaró Pardo a los jurados en una sentencia extraordinaria en 1988.
No soy un criminal. Soy un soldado. Como soldado, pido la pena de muerte. Cumplí mi misión.
Veinticuatro años después, Pardo va a obtener su deseo.
El martes, Pardo tiene programado morir por una inyección letal en la Prisión Estatal de la Florida en Starke, sin una apelación posible de último minuto.
Incluso en la notable tradición popular del crimen en Miami, el caso de Pardo se mantiene como una anomalía: fue un veterano de la Marina que se hizo policía y luego se convirtió en un asesino en serie que guardaba meticulosamente recortes de diarios de cada uno de sus asesinatos.
No sé si debido a que fue un agente de la ley, el caso fue tan repugnante y escalofriante, pero estuve más de 19 años en el departamento de homicidios y éste [hecho] siempre sobresale, afirmó John Allickson, un detective retirado de Hialeah y parte del equipo que investigó a Pardo. Sentado aquí, hablando con él, era como [el asesino en serie] Ted Bundy.
Pero sus abogados han luchado por décadas para mantenerlo vivo.
Entre sus últimos reclamos: el estado se negó a darle los suficientes registros públicos relacionados con el método de la inyección letal y la forma de ejecución es un castigo cruel e inusual.
Sin embargo, la semana pasada la Corte Suprema de la Florida se puso de parte de un juez de Miami-Dade, al rechazar la apelación de Pardo y afirmó que su reclamo sobre las inyecciones letales se basa en pura especulación y conjeturas.
Los abogados apelaron a la Corte Suprema de EEUU y otra audiencia está programada para el lunes ante un juez federal de Jacksonville. El abogado William McKinley Hennis III declaró que Pardo, de 56 años, también ha sufrido por largo tiempo un padecimiento en las tiroides que dejó estragos en su mente y cuerpo.
Nunca se le permitió acudir a un experto sobre hipertiroidismo, [para determinar] el impacto que esto tuvo sobre sus crímenes y su competencia en un juicio, indicó Hennis el viernes.
Nacido y criado en Nueva York, el futuro de Pardo parecía brillante.
Se unió a la Marina de Guerra, ganó honores por buena conducta y puntería certera. Fue dado de baja con honores en febrero de 1978. Después de un corto período de trabajo en un banco, fue aceptado en la academia de la Patrulla de Carreteras de la Florida (FHP), donde se graduó con las más altas calificaciones. Posteriormente obtuvo dos títulos de college.
Pero se avecinaban los problemas. Renunció en enero de 1989 a la FHP mientras se encontraba bajo investigación por escribir multas de tránsito falsas. Cuando se unió a la Policía de Sweetwater, los superiores lo elogiaron por su trabajo, que incluyó resucitar a un niño que había dejado de respirar.
Entonces, en enero de 1985, Pardo voló a las Bahamas para testificar a nombre de un ex policía de Sweetwater que era juzgado por contrabando de drogas. Pardo afirmó falsamente que era un agente del departamento de drogas que trabajaba con el acusado. La mentira hizo que lo expulsaran del departamento.






























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