En el mundo de los negocios existen contradicciones que a menudo desconciertan y nos hacen cuestionar lo que aprendimos en las aulas sobre el comercio. Los que no son capaces de hacerles frente a las contradicciones pueden tener dificultades para avanzar en sus carreras o conducir sus organizaciones a través del laberinto que tan bien define los negocios, especialmente en esta era siempre cambiante tras la recesión.
Lo irónico, sin embargo, es que para explicar los beneficios de las contradicciones en los negocios, voy a tener que contradecirme a mi mismo –aparentemente, aunque no en la realidad. Después de pasar los últimos tres años escribiendo sobre la importancia de centrarse en una sola cosa: su oferta básica, y sobre la creación de procesos estructurados y sistemáticos para usted y su equipo, voy a recomendarles que –en honor a las contradicciones– cambien las cosas.
A veces en nuestro camino hacia el éxito nos encontramos cara a cara con contradicciones que desafían las reglas que observamos para alcanzarlo. A veces nos damos cuenta que algo que hicimos fue exitoso a pesar de habernos contradicho en respuesta a una situación determinada, mientras que otras veces nos damos cuenta de que tuvimos éxito precisamente porque nos contradijimos. En cualquier caso, es importante darnos cuenta de que el cambio y las contradicciones son parte inevitable del juego, y eso no es necesariamente malo. Si bien pueden hacer el juego más difícil y los objetivos más esquivos para algunos, otros le sacan provecho al cambio y la contradicción estableciendo un legado de éxito a lo largo de sus carreras.
El cambio y la contradicción son las especias de la vida de las mujeres y los hombres verdaderamente exitosos en los negocios. Ellos saben que, si bien algunas cosas acerca de su trabajo NUNCA puede cambiar –como su oferta básica o su nivel de excelencia– todo lo demás sí DEBE cambiar y adaptarse si quieren ser fieles a su propósito y proceso creativo. Lo mismo nos ocurre a usted y a mí en nuestras propias empresas.
Usualmente relacionamos palabras como “propósito” y “proceso creativo” a los artistas o chefs, que son personas en el mundo creativo. Pero los chefs y los artistas no son los únicos profesionales impulsados por un sentido de propósito, aunque puedan, quizás, ni son los únicos que siguen un proceso creativo. Todos y cada uno de nosotros –desde los banqueros y asesores financieros a trabajadores de la construcción y mantenimiento– somos capaces de asociar un propósito “superior” a nuestro trabajo y de hacer ese trabajo cada vez más creativo y bello. Es una elección. Esta premisa con la que podemos enfocar nuestro trabajo es fundamental para alcanzar el éxito, ya que nos permite no sólo aceptar el cambio y la contradicción, sino crearlos para expandir nuestra oferta y vivir nuestro propósito más plenamente.
Cualquier trabajo que nos conecta con otro ser humano –y de un modo u otro, cada trabajo lo hace– tiene un propósito que va más allá del beneficio o la supervivencia. Puede que no siempre lo reconozcamos porque no captamos un sentido de propósito más allá de simplemente traer a casa un cheque de pago o la maximización de las ganancias, pero un propósito más profundo sin embargo está ahí esperando a ser descubierto. Asimismo, es posible que no percibamos ni siquiera una apariencia de creatividad en nuestro trabajo, pero la oportunidad de ser creativo está sin duda allí, si no en el trabajo en sí, en nuestro acercamiento al trabajo.

























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